En la intimidad de su hogar, ambos protagonizaron una escena
profundamente significativa. El director policial colocó su quepis sobre la
cabeza de su padre y lo estrechó en un abrazo, mientras la emoción se hacía
visible en sus rostros.
El veterano oficial, quien durante años transmitió a su hijo
valores como la disciplina, el respeto y el sentido del deber, respondió con un
saludo militar que resumió, en un solo gesto, el orgullo de toda una vida.
Ese instante significó para Rodríguez García una forma de
reconocer que, detrás del uniforme y de la responsabilidad que hoy lleva sobre
sus hombros, existe una historia familiar, marcada por las enseñanzas de un
padre que figuró como una de sus primeras referencias de servicio y rectitud.
En Moca, el nuevo director general recibió de su padre algo
más que un saludo: el abrazo y la bendición de quien contribuyó a formar al
hombre que hoy tiene la responsabilidad de conducir a la Policía Nacional