Durante mucho tiempo, Santo Domingo fue el destino obligado de quien quería progresar. Se estudiaba, se hacían contactos y, casi sin discutirlo, se mudaba uno a la capital, donde estaban las empresas, las oportunidades y el movimiento. Quedarse en el interior se veía como la opción de quien no tenía otra salida.

Esa lógica ya no se sostiene igual. Cada vez más jóvenes profesionales, emprendedores y creativos están decidiendo vivir en el Cibao, y no solo en Santiago. Ciudades y destinos como Bonao, Jarabacoa, Puerto Plata y Samaná ganan residentes que, en muchos casos, siguen trabajando para empresas de la capital o con clientes de todo el país.