
POR GONZALO BECERRA
SAN SALVADOR — Cuando antes del amanecer del 23 de mayo de 1971 la Policía de Bruselas llegó al domicilio del primer piso de la rue Van Aa número 94, ya nada podía hacerse por la vida de Maximiliano Gómez Horacio ('El Moreno'), de 28 años, líder en el exilio de la principal organización revolucionaria de República Dominicana.
Embadurnado en espuma muy blanca, el atlético cuerpo del dirigente del Movimiento Popular Dominicano (MPD, de tendencia comunista) yacía junto al de Miriam Pinedo, cuyo atroz asesinato se postergaría hasta el 11 de diciembre del mismo año.
Las investigaciones de la policía belga atribuyeron el fatal desenlace a un escape de gas, pero la izquierda revolucionaria quisqueyana sostiene desde entonces que detrás estuvo la mano peluda de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense.
Acto reivindicativo
"Ese asesinato y posteriormente el de Miriam Pinedo, que fue particularmente bestial, con violación sexual y descuartizamiento incluidos, los compañeros del MPD y la mayoría de la izquierda lo denuncia como una obra de la CIA".
"Al cabo de 50 años, en 2021 apareció un libro [la novela Morir en Bruselas, de Pablo Gómez Borbón] que culpa de esos hechos de sangre al MPD", explicó Núñez al reforzar la idea de la necesaria reivindicación.
El moreno
En medio de la llamada dictadura de los 12 años (1966-1978) de Joaquín Balaguer, decir El Moreno en Santo Domingo era mencionar una enorme piedra en el zapato para el régimen impuesto por las bayonetas estadounidenses tras la invasión de 1965.
"Representó uno de los liderazgos radicales, más impactante y promisorio de ese período; precisamente por su juventud, su militancia insurgente, su carisma, su singular talento, su condición de obrero y militancia en el MPD. Todas ellas intolerables para las fuerzas de la contrarrevolución imperialista, el Terror de Estado y sus funestos designios", escribió Narciso Isa Conde, coordinador del Movimiento Caamañista (MC, izquierda), en un comunicado divulgado el 19 de mayo.
El texto asegura que los órganos de inteligencia del régimen balaguerista, manipulados por la CIA, le quitaron la vida a Maximiliano Gómez y a Miriam Pinedo, durante su breve exilio en Bélgica; y "lo hicieron con un sadismo propio de esos centros entrenados en la criminalidad política durante la posguerra de abril de 1965".
Recuerda que en el contexto del proceso judicial contra los asesinos de otro luchador revolucionario, Orlando Martínez, quedó revelado el papel de Joaquín Pou Castro en el crimen de Bruselas, desde su condición de doble agente al servicio de los asesinatos selectivos decretados por los invasores estadounidenses y aprobados por Balaguer.
Finalmente, reitera que la de Gómez Horacio fue una de las trayectorias revolucionarias más valiosas y ejemplares, brutalmente interrumpida por los verdugos del pueblo dominicano.
Secuestro de Crowley
El 23 de marzo de 1970 en una céntrica avenida de Santo Domingo un comando del MPD secuestró al agregado aéreo de la embajada de Estados Unidos, teniente coronel Donald Joseph Crowley, quien venía de jugar polo, en el hotel El Embajador.
El llamado Comando Unificado de Rescate se atribuyó el secuestro y exigió la libertad de 21 presos políticos, una lista encabezada por El Moreno.
A Balaguer, presionado por la Casa Blanca, no le quedó más remido que acceder y en 50 horas se decidió el canje.
De esa manera, Gómez Horacio llegó a la Ciudad de México, primera escala de un breve exilio que pasando por La Habana y París culminaría en el número 94 de la bruselense rue Van AA.
Antología de la crueldad
Si el, a todas luces, envenenamiento, causó la muerte instantánea de El Moreno, la de Miriam Pinedo merece estar en la antología del sadismo. Y en la los femicidios.
Pasada la medianoche del domingo 12 de diciembre de 1971 en el umbral de la puerta de la casa número 66 de la avenida Bel Air, del residencial Uccle, en Bruselas, los esposos Decker descubrieron una maleta grande, con estampado de cuadros escoceses que no esperaban.
En su interior hallaron la evidencia de lo que fue considerado uno de los crímenes más atroces en la historia del antiguo Flandes: dos piernas de mujer aún ensangrentadas, envueltas en fundas plásticas y entremezcladas con restos de ropa de hombre y de mujer.
Una segunda maleta dejada el lunes en el 13 número 76 de la calle Américaine, de Ixelles, contenía el tronco, los brazos y las manos con perfecta manicura de una joven mujer. El cráneo aparecería mucho tiempo después.
Cuando el 7 de enero de 1972 llegan desde Santo Domingo las huellas dactilares de Miriam Pinedo, las autoridades belgas confirman su identidad. Y que la investigación paralela en torno a la muerte de Maximiliano Gómez tomó un nuevo giro.
Entonces las autoridades belgas cuestionaran la versión inicial de un accidente en el caso de El Moreno.