Que se reitere la
creencia, que se clame a los cielos, que nos arrodillemos ante Dios para volver
a ver el gemido de la población tanto de Villa Isabela como de Luperón,
rogándole a las ánimas, a las ánimas benditas para que envíen agua del cielo y
el pueblo la vea como bendecida.
Con dos años de
sequía la agricultura se restringe, se agota la ganadería, no has pasto, no hay
agua y el grito de la población continúa. Esto será un castigo, esto será una
maldición, quiera Dios que el egoísmo se aparte y que en nosotros pueda nacer
el perdón.
Se han descobijado
los bosques, también las montañas, como los ríos, ninguno son míos, pero sus
resultados a todos extraña, llueve en Guananico, en El Mamey y a lo largo de la
cordillera, Luperón y Villa Isabela esperando lluvias en tiempo hábil que es su
era, sin embargo con el desorden de la
flora se ha perdido la historia.
No hay agua en los
ríos, arroyos, lagunas y tampoco en los pozos tubulares con excepción de
algunas partes.
Esto obliga a que
pensemos a hablar con el Presidente de La República para que las tuberías del agua que pasa
por Guayacanes pasen también la
Sierra y halla agua desde Tiburcio hasta La Escalereta y otras
zonas de Luperón, de no ser así que el Gobierno nos prepare ciertos reservorios
para almacenar agua. Otra solución es la Presa de Caonao, proyecto de la Era de Trujillo teniendo la
fortaleza de irrigar 81 mil tareas de tierras, además abastecer la región de
agua potable y la última terna es que nos preparemos hasta pidiendo limosna
para desalinizar el agua de mar sea por la zona del Marigote o en lo que se
conoce como el Tapión, por tanto démonos cuenta la agricultura, la ganadería,
la contaminación atmosférica, la alta temperatura y la escasez del agua son
productos de un desorden ecológico, gracias amigo lector.
