El 25 de noviembre de 2016 quedará marcado en el escenario
mundial como la fecha en que falleció el más extraordinario y carismático líder
de todo el continente americano durante el siglo xx, el doctor Fidel Alejandro
Castro Ruz, símbolo de lucha contra las injusticias sociales y ejemplo de
solidaridad con los países oprimidos por el imperialismo norteamericano.
Ningún otro líder influyó tanto como Fidel Castro en el
mundo político del siglo pasado. Su influencia abarcó tres continentes:
América, Asia y África.
En América porque el triunfo de la revolución cubana
constituyó una fuente de inspiración para que los países oprimidos trataran de
lograr sus independencias definitivas; en Asia porque el apoyo cubano fue vital
en el triunfo del heroico pueblo vietnamita sobre el imperialismo
norteamericano en innumerables batallas militares durante décadas y en África
por el envío de millares de soldados cubanos a Angola y al Congo, con la
intención de ayudar sus planes independentistas. También deben considerarse sus
aportes a la eliminación de la segregación racial o apartheid en
Sudáfrica.
En lo que respecta a nuestro país, República Dominicana, hay
que decir que Fidel Castro sintió un profundo y sincero amor por el mismo. Amor
que se manifestó en múltiples ocasiones.
Fidel brindó todo el apoyo necesario a los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo de junio de 1959 en su misión de poner fin a la mencionada tiranía. El suelo cubano y ciudadanos de aquel país participaron en esas expediciones, que constituyeron el principio del fin de tan oprobiosa era.
En uno de sus viajes a República Dominicana, Fidel entregó a la ciudad de Baní, cuna del generalísimo Máximo Gómez Báez, un moderno Politécnico, institución educativa construida y financiada en su totalidad con dinero del gobierno y pueblo cubanos.
Cuando ocurrió la desgracia del huracán David, Fidel envió
un avión cargado de medicamentos para que fueran utilizados en beneficio de los
damnificados, pero la mezquindad del gobierno dominicano de ese entonces fue
tan grande que rechazó tan generosa ayuda. El avión tuvo que regresar con el
mismo cargamento, después de varios días estacionado en el aeropuerto
internacional de Las Américas.
Fidel Castro fue un gran y sincero amigo del pueblo dominicano. De él puede decirse que murió el hombre, pero no su nombre. Hasta siempre, comandante del honor, del valor y de la dignidad.
