Antes las actitudes de indiferencia, omisión y desamor al
prójimo conlleva al sufrimiento personal, familiar, comunitario como social.
Cuando Juan el Bautista como precursor de Cristo Jesús salió
por el desierto de Judea a predicar la conversión un gran segmento del pueblo
se mostró indiferente ante el profeta, por que buscaban la apariencia personal.
Mientras los elegidos por Dios para anunciar el bien físico
y espiritual lo hacen con vehemencia para vivir en paz, las colectividades
hacen caso omiso, despreciando la noticia nueva enviada de lo alto para llegar
a la salvación.
Ese es el mundo que nos ha tocado vivir que mientras se les
anuncian los fenómenos naturales nos hacemos los indolentes sin pensar en los
desastres que vendrán, lo que conlleva que ante lo ocurrido nos mostramos
indiferente ante el dolor ajeno.
Sin hacer un stop ante la vida, proseguimos con las malas
actitudes, sin importar a qué tipo de condena nos estamos sometiendo.
Nuestros jóvenes siguen en sus travesuras delincuenciales
haciéndose daño a ellos mismos, a su familia y la sociedad en general.
La indolencia se está dando en todo el ámbito social.
Autoridades de ojos y mentes cerradas, “padres y madres” y
los hijos por su cuenta. Maestros y maestras con una conducta escandalosa,
religiosos y religiosas dando escándalo social, negociantes agiotistas.
El mal uso de los medios de comunicación, devaluación de la
música sana.
Los indiferentes de sí mismos y de los demás serán
condenados a la muerte eterna.
Quien juegue con el dolor ajeno tendrá que dar cuenta ante
el Tribunal divino. Cuidemos de no dañar la dignidad ajena.
Feliz Navidad y Próspero Año 2017.
