domingo, 4 de septiembre de 2016

Pobre Brasil

Por el Lic. Nicanor Hernández

Brasil es el país de mayor extensión territorial de América Latina. Posee bellezas naturales impresionantes y es famoso por celebrarse en una de sus ciudades, Río de Janeiro, el mejor y más importante carnaval de todo el mundo. Su fama de grandes jugadores de fútbol es innegable, siendo el Rey Pelé la figura cumbre de ese deporte. De hecho, no ha existido en toda la historia del fútbol un atleta que supere a Pelé. 

El 31 de marzo de 1964, con el derrocamiento del izquierdista y progresista Presidente Joao Goulart, se inicia una era de dictaduras militares en Brasil.

Los gobiernos militares se caracterizaron por las persecuciones, secuestros, encarcelamientos, torturas y asesinatos de muchos opositores políticos. El latrocinio y la corrupción siempre dijeron presente en los que tenían el control del aparato político y militar del Estado brasileño. 

El imperialismo norteamericano brindó todo su apoyo y asesoría a las dictaduras militares. Es de muy triste recordación el llamado Plan Cóndor, mediante el cual el imperio propició muchos secuestros y asesinatos de líderes populares que se oponían a sus socios gobernantes en todo el cono sur de América ( Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia ).

Las dictaduras militares fueron sucedidas por gobiernos civiles elegidos por votación popular. Gobiernos que siguieron el camino de la corrupción, sembrando la frustración y desilusión en el pueblo. 

En 2003 asume la presidencia de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores ( P T ), elegido por la voluntad popular. 

Lula logró reelegirse y fue presidente hasta 2010. Su gobierno tuvo como punto fuerte la aplicación de justas y revolucionarias políticas sociales. Notables fueron las reinvindicaciones y progresos del proletariado. El nivel de vida de los pobres aumentó significativamente. 

Al abandonar el poder en 2010, la popularidad de Lula era de 80 por ciento. Todo un fenómeno político. 

A Lula lo sucedió como Presidente de Brasil, la señora Dilma Rousseff, también miembro del P T y quien siguió aplicando las mismas políticas sociales de su predecesor.

Igual que Lula, Dilma logró la reelección presidencial. En los gobiernos de Lula y Dilma más de 40 millones de brasileños salieron de la pobreza. Una gran hazaña. Durante esos gobiernos, Brasil se convirtió en la principal economía de América Latina y en la octava economía mundial. 

El imperialismo norteamericano nunca perdonó eso. Lula y Dilma se tornaron en sus objetivos. Había que mancillar las imágenes públicas de ambos. El imperio se valió de sus marionetas brasileñas para diseñar una campaña mediática sucia en contra de Lula y Dilma, acusándolos de corruptos. 

Levantando la bandera de la lucha anticorrupción, los norteamericanos y sus socios han logrado destituir a la Presidenta Dilma Rousseff. Con ese triste acontecimiento retorna Brasil a épocas que se suponían superadas. 

Brasil ha retrocedido en términos políticos, sociales, económicos e institucionales. Sólo queda el camino de la confrontación, movilizaciones y protestas populares. Así lo quisieron los fariseos modernos. 

A Brasil le esperan días duros y difíciles. Días terriblemente duros. Pobre Brasil.