Lo Último

domingo, 11 de febrero de 2018

De Hipócritas y Pelafustanes

Por Por el Doctor José Pérez
 Dicen que al coronel Muammar Gaddafi le fascinaba hablar de revolución. Manifestaba él de cómo “su” revolución iba a cambiar a Libia, aquella nación de más de seis millones de habitantes, estratégicamente situada en la llamada región del Maghreb, en el norte de África. El país es conocido desde los tiempos antiguos y posee enormes reservas de hidrocarburos y otros valiosos recursos minerales. La intención del coronel era transformar aquel país en una nación moderna, desarrollada y civilizada.

Para decir la verdad, hubo en Libia impresionantes avances económicos, especialmente entre ciertas poderosas élites políticas y religiosas en el poder. A cierto punto Libia, conjuntamente con Iraq fueron destinos donde miles de trabajadores del Asia cercana y lejana, lo mismo que desde los países europeos, iban a trabajar para ganarse su sustento, y el de sus familias. Esos llegaron a ser los dos países con la mejor economía en toda el área del Medio Oriente.

Había algo, sin embargo, que desentonaba, Ello era, que aquel país no era amigo de Israel, y por ende de los Estados Unidos. En esta situación, era improbable que la tranquilidad y la floreciente economía de los años 80’s y los 90’s pudiera subsistir; pues siendo Israel la punta de lanza del imperialismo en la región, era suficiente para ellos promover sus habituales diabluras, canalladas y tropelías, como lo hacen en otras partes del mundo. Entonces vinieron las falsas acusaciones, las intrigas y los sabotajes, mezclados con la envidia y la mezquindad; la bárbara intención de arruinar a Libia y robarle las riquezas y destruir su bonanza.


Se ha comentado que algunos hombres de progreso, con cierta visión revolucionaria, como Fidel Castro y Hugo Chávez entre otros, aconsejaron y sugirieron a Gadafi que, valiéndose de la gran influencia, su carisma y el liderazgo político que él tenía en su país, tratara de empujarlo por el camino socialista, explicándole los beneficios de darle más participación en ese proceso a la población, para que impulsaran la economía, el nivel político, cultural y la condición educativa y de salubridad de la entera nación.

Gadafi, aparentemente falló en captar el mensaje. El hombre se olvidó de que una de las características negativas del caudillismo es la falta de implementar e inculcar en los jóvenes los ideales progresistas, aparentemente también olvidando que son esos jóvenes los futuros dirigentes de las naciones. Son esas jóvenes generaciones a las que hay que soltar, para que vuelen libres y se abran a las nuevas ideas y encuentren soluciones a los problemas de la humanidad.

Primero, sin compromiso alguno, entregó a los imperialistas las pocas armas nucleares que su país poseía, por lo que, después de una visita de la despreciable figura de Tony Blair a Trípoli, le posibilitaron un viaje a Bruselas en el año 2004, donde incluso visitó las instalaciones de la tétrica  NATO,  proporcionándole  grandes banquetes y tratando de impresionar al gran hombre con hipócritas ceremonias y calculadas engañosas intenciones.

Según Gadafi, era mejor no ser ni  “socialista”, ni “capitalista”. El pensaba que era mejor fluctuar entre los dos campos. Olvidó Gadafi que la pequeña burguesía, esa dañina  tendencia oportunista dentro del movimiento revolucionario, ayuda al imperialismo, y a los oligarcas burgueses internacionales, impidiendo cualquier avance progresista y aniquilando cualquier movimiento de carácter revolucionario. Esta errada posición política del “líder”, empujó  a la pobre Libia a donde la vemos hoy:

Mas de un millón de personas muertas y millones tristemente peregrinando por el mundo. La infraestructura del país totalmente destruida. Sus grandes reservas petroleras atrajeron a los ventajistas europeos como buitres sobre un animal muerto; y se dice que hasta los funestos hampones judíos han sacado enorme provecho de la debacle que ellos mismos malignamente ingeniaron.

Hubo este señor, que llego a ser presidente del país de Suramérica llamado Ecuador. El nombre era Rafael Correa. A través de diez largos años se le oyó la boca, presentándose como un hombre de avanzada, antiimperialista, y como el mesías que iba a resolver los problemas de las empobrecidas masas populares de su país. Un individuo con profundas convicciones religiosas, atrasado punto de vista en la que su esposa también descollaba.

Se ha dicho que esa mujer era tan religiosa que ni siquiera vivía en Ecuador, porque “no quería codearse con esos indios que hedían” Ella prefería tener su residencia en Bélgica, ”donde vive el blanco.” Rafael Correa no tocó el latifundismo, no tocó el férreo y corrupto control militar sobre el país, hasta el cuello en el tráfico internacional de las drogas; no logró ponerle las manos al dominio bancario de la burguesía ecuatoriana; no universalizó el coverage de salud en su país; no se atrevió a enfrentar a los poderosos grupos económicos de aquel país, ubicado sobre la línea geográfica del Ecuador.

Correa, de manera oportunista, les presentó una imagen a la juventud de su pais de que ya “la revolución se había hecho”; que ya lo que el país necesitaba, se había conseguido. Los dejó en el aire; en un profundo vacío. Una mañana, la prensa informó que ya Correa había cumplido su misión; entregó el “mando,”  les dijo adiós a los ecuatorianos y emigró para Bélgica. Se marchó a “a disfrutar la vida.”En relación a la empobrecida y atrasada población ecuatoriana, ¡”A otro que se coma ese cajuil”!

Lo que está penosamente tangible con esa fotografía, es lo mucho que el señor Correa habló; de cómo fue convertido en un vehículo de la burguesía para engañar a  las gentes, matarles la esperanza y cerrarles o retardarles el camino hacia la cambios sociales estructurales que aquél país necesitaba. Ya antes se ha explicado como el “oficio” de hacer “revolución” no es “hablar de revolución”; es enfrentarse a las fuerzas oligarcas y destruirles el nido a los capitalistas burgueses pro imperialistas, aplastando sus deshonestas maneras, crímenes mercantiles y su ruin explotación.

Los personajes de esta calaña son preparados por los grupos poderosos; les preparan la verborrea y los ponen a hablar de revolución. Los ignorantes caen en su telaraña, abriéndoles las puertas de sus hogares. ”Desorientan a las masas populares” y les hacen pensar que el reformismo y el populismo son corrientes progresistas. Muchas personas ilusamente comienzan a verlos como “los salvadores” de la nación. Después de lograr sus ruines intenciones, dejan a la humilde población en el matadero. Entonces todo se evapora; todo  explota como un globo lleno de  agua; las personas percatan de que en realidad nada ha cambiado, que todo fue una encerrona. Ah, pero miren: la clase dominante que estaba en el poder todavía controla todo. ¿Es esto la revolución? Se pregunta la población, rascándose la cabeza.

Bajo el gobierno de Rafael Correa, el clero ecuatoriano se acrecentó; se hizo más poderoso; le  crecieron los tentáculos; su influencia floreció; se hicieron más ricos esos tétricos vampiros religiosos; se produjo la visita papal del 2015, malgastando los recursos económicos con que se podían construir miles de viviendas y escuelas. El influjo supersticioso de los obispos aumentó en esos diez largos años. Nadie fue capaz, ni quiso controlar los negros pulpos que habitan en las sombras de iglesias y catedrales.

El daño que provocan esos oportunistas mentirosos es enorme; ellos le causan indecible sufrimiento al pueblo, que en su atraso e inconciencia los sigue hacia un planificado callejón sin salida. El movimiento revolucionario se atrofia. Ellos empujan las masas hacia el rumbo equivocado. Esos oportunistas, siguiendo los mandatos de sus patrones oligarcas, saben manejar los mecanismos para que las ciegas masas los sigan; les matan la ilusión y los hacen caer en la  trampa de la burguesía, que es capaz de todo para mantener su dominio

Ellos se desbordan hablando de revolución, pero de ante manos saben que no van a hacer  revolución alguna. Hacen un espejismo, para que los incautos, que son la mayoría, caigan en la trampa. Les quitan la presión, la fuerza, el anhelo a las masas populares; que se quedan en el aire, volando en un vacío de desesperanza, de oportunidades desperdiciadas. Entonces los responsables, que tenían sus planes oportunistas, porque hablaron embustes, se “retiran” de la vía principal, y se van a vivir holgadamente, a comer tranquilos, con un aire de satisfacción por los “logros” alcanzados.

Pero, ¿qué logros? Esos “logros” están sólo en sus mentes. Cuando se hace el final análisis, se halla  que  nada lograron. Las clases poderosas, el engranaje militar, el control religioso, el latifundismo el analfabetismo, el racismo, la “supremacía del blanco”, la salvaje explotación y la discriminación todo se presenta en la amarga realidad. Entonces, ¿qué fue lo que hizo el tunante? ¿Por qué la vanagloria? ¿Por qué la irónica sonrisa de satisfacción? Los pobres están ahí. Ahí están los ricos. Mira los orondos curas violadores ahí donde están. Ahí están los patrones, los todopoderosos; los que se creen amos de todo, protegidos por sus cuerpos represivos.

La tarea de esos pícaros es llevar al pueblo sufriente a creer que algo se está haciendo, mientras  nada substancial se hace. Y esto es criminal. Si hubiera uno de estos sinvergüenzas que tuviera algún decoro y le dijera a la población: ”señores, yo solamente voy a edificar  algunas escuelas, voy a arreglar las calles y las cloacas, voy a construir algún aeropuerto, pero no esperen cambios profundos. Yo no me voy a buscar problemas con esa gente de la Clase Dominante”. No se pongan a esperar. Escuchar algo así viniendo de esas alimañas sería como estar soñando. Los reformistas y oportunistas les convienen a los ricos, no a los pobres.

Miremos al señor José. Mujica fue presidente de Uruguay entre los años 2010 y2015. En los años 70’s y 80’s el caballero fue encarcelado 13 veces, torturado, perseguido, herido con seis balazos y  maltratado por los gobiernos dictatoriales uruguayos de aquellos amargos días. Al asumir el poder en el año 2010, uno se suponía que el individuo iba a impulsar los necesarios cambios substanciales que transformaran su país. Todo el mundo se quedó con las ganas de ver esos cambios. Se quedaron esperando.

Uno se podría imaginar que tal individuo, habiendo sido sometido  en carne propia a todo este tipo de vejámenes y conociendo por experiencias personales el tratamiento que el “dulce capitalista” , aplica a sus enemigos políticos, va a coger “conciencia revolucionaria” y dedicarse a la  transformación social, política y económica, particularmente en lo que tenga que ver con la tenencia de la tierra, el dominio religioso sobre las masas humildes y desposeídas, el control militar en mano de los latifundistas y oligarcas y la nacionalización de la educación, para lograr que los jóvenes uruguayos pudieran educarse de una forma progresista y científica, distanciándose de la ignorancia y las supersticiones.

Irónicamente, nada de esto sucedió. Podría cualquiera preguntarse:¿Pero este no era aquel joven tupamaro que pregonaba Libertad, Hasta la Victoria, Venceremos? Cinco años en la presidencia del paupérrimo país y le faltó pantalones para oponerse a los ladrones, los oligarcas, los esbirros explotadores  y los murciélagos eclesiásticos. Lo que no pudo faltar “en su administración” fueron varios viajes al Vaticano, aquella obscura caverna que existe en Italia para embellecer y suavizar las bellaquerías del imperialismo mundial.

Ahora, vamos a referirnos a “Las Muchachas”.Dilma Rousseff, Cristina Fernández y Michele Bachelet. Pero…¿qué se puede decir de la Dilmita? Que por ella estar de simplona, por no lograr comprender como  los pobres sufren la despiadada explotación, la monstruosa corrupción y el despiadado dominio religioso de su país,  después de haberse creído “revolucionaria” por unos años, le regaló a Brasil a la galacha Temer; y con él, al imperialismo.

Dilma fue torturada cuando joven por los cavernícolas cuerpos represivos brasileños; estuvo en prisión más de dos años  por su actividad política. Es sorprendente como ella en apariencia no pudo comprender las necesidades de su país, bajar a “saborear” de cómo es que se cocina el concón, cuando se hace a ritmo de samba en aquella población inundada por la pobreza, la corrupción, las creencias supersticiosas más profundas y codearse con las masas populares.

Mas parecería que la reaccionaria influencia de los mentores de la Dilmita  en aquellos años escolares tuvieron más fuerza que todas las bravosidades que ella hablaba, y que cuando llegó el momento de hacer algo, ella decidió que era mejor dejar a los poderosos brasileños tranquilos. No acercarse mucho a los feroces perros que controlan la vida del país del carnaval; no jugar con la arcaica, poderosa, arraigada y desastrosa influencia portuguesa de aquel país.

Por culpa de la Dilmita, y su grupo de corruptos buenos para nada, ahí está el bandido Temer. Ahí está el aumento del desempleo, ahí está la corrupción más atroz, ahí está el aumento de la pobreza, el aumento de la represión, el aumento de los crímenes, el aumento de la deforestación. Los oligarcas están riéndose solos, las compañías imperialistas internacionales apropiándose del país con más encono, los imperialistas haciendo su agosto. El producto de la Dilmita, Temer, con las puertas de palancadas para que terminen de arrollar el país y engullírselo. La población cayó en la angustia y la desesperación, al ver de qué manera la nación se le entregó a los malignos sin luchar, protestar y sin pelear.

El caso de la Cristinita es más patético. Esta se guareció a la sombra del social reformista esposo que tampoco hizo algún cambio substancial por la pobre Argentina. Se mantuvo disfrutando de la fastuosidad del palacio llamada “Casa Rosada” por dos largos periodos presidenciales; no le puso un dedo al en tinglado económico, militar, latifundista, oligarca de aquel país.” pasó sin saber que pasó”. El resultado de su mandato, el señor Macri, uno de los dinosaurios políticos mas atrasados que ha parido la pobre Suramérica.

La historia de la Michelita de Chile es un poco diferente. Esta mujer no tiene una historia de haber sido una “revolucionaria” como las otras dos. Michele Bachelet es la hija de aquel General del ejército Chileno llamado Carlos Pratt, quien, no cumpliendo con sus responsabilidades, permitió que asesinaran al presidente social reformista Salvador Allende, por allá por el año 1972.El mismo Pratt fue asesinado un año más tarde por la CIA y los tenebrosos cuerpos represivos que sostuvieron la monstruosa dictadura del ruin Augusto Pinochet.

Se podría pensar que después de perder su padre de esta indigna manera, la mujer va a tratar de promover algún cambio en las estructuras corruptas y de férreo control militar que domina su país, pero no, ni siquiera los funestos carabineros fueron tocados. Todo el edificio de dominio de los reaccionarios militaristas religiosos chilenos, controlados por los carteles comerciales internacionales. A través de dos períodos presidenciales, nada fue cambiado, nada se hizo para tratar de liberar el país de las garras imperialistas.

Ahora, no estamos aquí tratando de hacer una lista de todos los sapos, engañifas y engañabobos que pululan en el mundo. De ser así, entonces la lista podría ser interminable. Lo que yo estoy tratando es de denunciar estos sujetos “del patio” que le han hecho tanto daño a Latinoamérica, robándole la esperanza, ”suavizando el dominio oligárquico, latifundista, religioso y militarista en la región. Esas gentes les presentan una opción de “salida” a la población, pero después de ser usados por la clase social dominante, pasan “sin pena ni gloria”.

Observen ustedes a ”los liberadores” que han seguido las órdenes de la potencia que ahoga, controla y ensangrentó a la Republica Dominicana por todos estos años Qué cambios profundos han hecho? Hasta los campesinos que quieran ocupar las tierras que es de ellos, porque ya no aguantan más miseria, ahora van directos a la cárcel. Este para poner un sólo ejemplo.