lunes, 20 de abril de 2026

No se equivocó aquel ilustre que expresó: "Vivimos en una selva de cemento".



Por: Chico Maxiss.-  Lo sucedido en Santiago este fin de semana nos llama a una profunda reflexión como "suciedad". El amor al prójimo, citado tantas veces en la Biblia, parece haberse extinguido; es por eso que muchos hoy repiten con frialdad: "son los finales".

David Carlos Abreu, el camionero de Constanza, luchó desesperadamente por escapar de una turba de hombres a bordo de motocicletas. En su trayecto, buscó el auxilio de la Policía, pero no encontró ni ley ni orden; su grito de ayuda fue simplemente ignorado.

Mientras tanto, un "supercamarógrafo" —de esos ansiosos por un like o por la aceptación social— le perseguía en su huida... tras el palo noticioso para complacer a una "suciedad" enferma. El chofer buscó refugio en el Palacio de Justicia y, en una ironía trágica de nuestra realidad, fue allí donde se cometió la injusticia de lincharlo.

Vimos a jóvenes con celular en mano, más interesados en el morbo mientras él se desangraba: ERA MAS IMORTANTE GRABAR QUE AYUDAR. Fue asesinado frente a la camara de un celular, mientras era acuhillado en una pierna y con un centro asistencial de salud a pocos pasos... con una voz que gritaba mátenlo'.

Murió el camionero, dejando a cuatro niños en la orfandad. Nos queda una "suciedad" que se consume en banalidades, dejando de ser humana para convertirse en una manada de animales sin razonamiento.

Las ultimas palabras del camionero no permitirá vivir en paz a los que actuaron, al superperiodísta... ocho antisociales que evitaron hablar antes de matar', estas palabras de David serán su carma: “no me dejen morir, Dios mío, yo no hice nada malo”.