martes, 28 de marzo de 2017

“El Turrumote”

   Por el Doctor José Pérez

 Martillando en la cuestión social, una de las principales características que distinguen  la mentalidad de los burgueses capitalistas es que ellos roban o constantemente viven planeando como escamotear. Si alguien lo prefiriera de una manera más “bonita,” los capitalistas se mantienen cavilando cómo hacer dinero, no importan las artimañas tramadas. Dinero seguro es dinero en el bolsillo. El humano, y las necesidades  humanas ya dejaron de ser lo fundamental y prioritario para ellos. Llegó la época del negocio, cada día más voraz y rapaz.

No hay que profundizar mucho para encontrar que esto es otro indudable indicador de cómo esa clase social se dirige hacia su destrucción, desde que se erigió como rectora del mundo, divorciándose de los humanos. Recuerden que aquel que cuenta con el poder económico, es quien ostenta el poder político. Este insaciable apetito por el poder económico, la ha desenmascarado  y la ha dejado sin las facultades de camuflaje que le habían permitido tratar de esconder sus corruptas conductas por tan largo.

Miren este ejemplo. Cuando, después de indecibles sufrimientos de la población, un oficial  gubernamental, por fin accede a arreglar un específico camino, carretera o puente, lo primero que viene a la mente del capitalista es cuánto le va a dejar el asunto, cuánto dinero va para el bolsillo. Ese dinero empieza a llegar desde el principio, el dinero que les da el que recibe la comisión de la obra; después sigue una cadena de dádivas que rueda para arriba y para abajo en los escalones de la corrupción.


Las gentes no saben esto, porque todo se hace a espalda de ellos. Y para decir la verdad, a las gentes  no les importan todas esas suciezas y tejemanejes de los corruptos. Porque las gentes lo que quisieran es que les resolvieran ese problema, ya que ellos están cansados, frustrados de tantos hoyos, tantas grietas, tantas furnias, accidentes y preocupaciones. En lo que los ladrones se organizan, se preparan, se liman las uñas y  arreglan su mundo, a los moradores del lugar sólo  les queda  sentarse a esperar pacientemente.

Un día, por fin se ven aparecer unas maquinarias de construcción, entre ellos unos tractores y una pala mecánica, uno o dos camiones y hasta un “chipú.” Entonces la gente como que siente un poco de alegría y se le abren las esperanzas. Pero sucede que  los contratistas, que muchas veces ya para este tiempo  tienen el dinero en los bolsillos, comienzan a  planificar de cómo ellos hacen para que los materiales de construcción les salgan lo más barato posible, al más bajo costo. No importa que el cascajo tenga lodo, y que la arena sea de baja calidad, hasta ligada con caliche, acabando con los lechos de los ríos, bajo la vista gorda de las autoridades de la localidad. Esas autoridades ven todo esto como algo normal, porque el rico es el que manda. Esas autoridades  fueron creadas por el sistema para que se controle al pobre, no al rico.

El plan es criminal, el plan es el usar un material de mala calidad, que les asegure a ellos que  esa carretera, puente o camino se va a deteriorar, para que en seis meses o un año, esté en las mismas condiciones, para volver al mismo proceso, comenzando otra vez con el mismo círculo indigno. Mortificando la población para que se mantenga en zozobra. Ellos saben que hay maneras de construir puentes, caminos, túneles y carreteras duraderos, pero ellos nunca los harían. Los muy forajidos, que mantienen la gente humilde y sencilla sufriendo y oyendo promesas que, bajo esos capitalistas ricachones, nunca se cumplen.

Me parece que sería alrededor de los años 1968-1969 que aquél barranco en la carretera desde El Mamey a Marmolejos se desplomó. Hubo una avalancha de tierra que cubrió toda la vía,  bloqueando  el paso de vehículos, burros y caballos, dejando la zona incomunicada por ese lado. La gente de El Mamey le llamó “el turrumote” Esto trajo gran conmoción entre las personas, personajes y personalidades de allá. Inmediatamente, ni tontos ni perezosos, los vampiros propagaron que eso era un “castigo del cielo” a los mameyeros, y, seguro como un tiro, ahí van los mameyeros acongojados, rezando, con velas y velones, a hacer rosarios, con las rodillas peladas para que les perdonaran los pecados; y misas, novenas y horas santas por lo sucedido. Tal como acontecía en la Edad Media, las gentes dominadas por las creencias sobrenaturales.

No hubo un humano que les explicara a esas pobres gentes que eso sucedió porque Obras Públicas y la compañía norteamericana Conte y Alasia se robaron la mayoría del dinero de la construcción de la carretera, y debido a la mala calidad del trabajo, la erosión de la lluvia, los vientos y los movimientos de las capas terrestres, era sólo cosa de tiempo para que el fenómeno sucediera. Los habitantes de la región nuevamente sufriendo las consecuencias. Los dueños de la compañía constructora se llevaron los millones, mientras que los habitantes de El Mamey y Marmolejos cargaron con los tropezones. Pagando los platos rotos que fue el otro que rompió. Siempre lo mismo, siempre golpeados, sin misericordia, siempre engañados.

En aquellos tiempos se escuchaban raras versiones de que había extrañas intenciones de algunos grupos de comerciantes e inconsecuentes políticos de la ciudad de Puerto Plata, que siempre se oponían a que el puente del río Bajabonico, en la carretera Imbert-Guananico, se construyera. Estas personas recurrían a obscuras influencias en las alturas gubernamentales para que jamás se hiciera una adecuada y decente pista que la conectara con El Mamey-Villa Isabela.

Según los velados comentarios, la razón que se daba era que esto podría quitarle muchos turistas y negocios a la principal ciudad de la provincia. Que siendo la región de Guananico-,Los Hidalgos-Villa Isabela tan pintoresca, fresca y agradable, muchas gentes iban a emigrar y preferir las playas de La Ensenada y Punta Rucia, en lugar de las playas de la ciudad, que estaban más contaminadas, y rodeadas de un área más árida. Si bien era verdad que ellos todavía contaban con la estupenda vista de la loma Isabel de Torres, y la increíble belleza de la playa de Cabarete.

Como quiera que fuera, a como diera  lugar, había que mantener aquella hermosa área de la parte oeste de la provincia aislada y con bajo desarrollo cultural, político y económico, no importaba el sufrimiento de los moradores de esa región. Esas negras intenciones de esos personajes, siempre intervinieron para que no se hiciera un buen puente ,o, que si se hacía algo ,fuera un puente construido de “bagazos de caña.” Esto llevaba a que cada vez que llovía en las lomas, el río Bajabonico bajaba como un violento torrente y se llevaba la endeble estructura, A esto también contribuía el desmonte y la extracción de arena que los ricos dueños de ferreterías y compañías constructoras habían sometido a toda la isla por tanto tiempo.

Si se fuera a llevar a la justicia a los culpables de esas inicuas jugarretas y mirando la penosa situación por la que ha pasado ese puente en los últimos 50 años, no habría una cárcel en que cupieran esos maleantes, por los tantos que  ellos fueron, y lo mucho que ha sufrido la región. Los sobornos, los engaños, la dejadez, la maldad, la falta de conciencia, los daños provocados  a propósito. Todo esto ha sido el regalo que  ha recibido la región a través de todos esos gobiernos que han servido a la burguesía ruin.

Aunque han pasado tantos años desde que los corruptos implantaron esas erróneas medidas, los tempestuosos aguaceros que han inundado la región en los últimos meses, han dejado al descubierto las consecuencias de aquella maldadosa y despreciable manera de proceder. Si se agrega todo esto  a los desmontes, a tala de árboles para que los terratenientes sembraran pastos , sin ningún temor, sin control, y sin nadie que objetivamente lo denunciara; todo esto a su vez sumado a la indiferencia de las autoridades, hace que uno se maraville si ya viene siendo hora de que las gentes comiencen a organizarse, actuar juntos y oponerse al nefasto proceder de los que sólo actúan por ganar el peso.

Y los que no permiten que la gente piense y hable de lo que es importante y necesario. Porque al fin y al cabo, son los humildes habitantes los que han sufrido por tanto tiempo la desidia de los gobernantes de turno, que lo que se preocupan es de llenarse los bolsillos; la cerrazón de los que dominan, el mantenimiento de la mente esclava, las rodillas peladas del ignorante, que no es capaz de respirar los aires que emancipan la mente, la congoja del que sufre por años, secándose las lágrimas con la toalla de las promesas; el que sufre las miradas del gestoso, del que lo desprecia pero no lo dice, porque quiere seguir engañando ,y no quiere que la verdad se sepa.

Los que se oponen a cambios profundos y necesarios, sin siquiera saber de qué se está hablando. Los que nos han impuesto a ver las pancartas, pero no quien está detrás de ellas. Los que les gusta vernos cabizbajos, pero no les importa si tenemos trabajo. Esos son los fenómenos que nos disgustan, y que encienden la llama en nuestras mentes para que despertemos, convencidos de que ya es tiempo de cambio.

La encrucijada nos ha llevado a tomar una sabia y contundente decisión: dejar de pensar local y comenzar a pensar global. El interesante significado de esto es el comprender que al mismo tiempo que esta situación sucede en nuestra región, tambien se ha estado desarrollando en todo el territorio nacional, y en todos los países del mundo, donde los burgueses se roban los recursos de los países y al mismo tiempo se burlan de las necesidades de la población.

Y lo penoso del dilema es que siendo éste uno de los conflictos sociales del humano, uno se encuentra con que los corruptos no son personas a quien se pueda colectar, llevarlos y ponerlos en una isla, donde ellos vivan unos con otros; y uno regresara en diez años, lleno de curiosidad ,a ver cómo les ha ido. No, ellos son gentes que viven con los humanos y se nutren de la sociedad humana, y estarán con nosotros hasta que haya humanos. Es un problema de conciencia, de mentalidad, de formación. De la única manera que se podría acabar con tal plaga es con el cambio de sistema, cuando se logre que todo pertenezca a todos, neutralizando al capitalismo; cuando las decisiones se tomen de manera colectiva, cosa que aunque muchos consideren difícil, es sumamente fácil. Pero aún después que se establezca otro sistema, esos sujetos continuarán tratando de sobrevivir con sus corruptas maneras de proceder. Hasta que, como dijeron Marx y Engels, el estado “withers away,” y ellos no puedan conseguir de donde asirse, en esos esplendorosos días por venir.

En el caso particular de nuestra área geográfica, también conocida como latinoamérica, es bueno recordar lo que decía Coquito, llamado así por la gente porque su cabeza parecía un coco. Al principio él se enojaba por el apodo que le habían puesto, pero después él pensó que era mejor aceptarlo y no vivir constantemente enfrentándose a esos relajados, que no dejan a uno tranquilo. Resignadamente, Coquito aceptó el nombrete.

Pues, según Coquito, los dominicanos “tenemos el robar en la sangre.” Decía él que en los primeros 200 o 300 años del dominio español, a los territorios conquistados mandaron principalmente a los pobladores de las cárceles europeas, a los que les ofrecían el perdón, pero tenían que irse a aventurar por el mundo, propuesta que ellos aceptaron, antes que seguir viviendo en aquel infierno. Que esos truhanes, ladrones, saqueadores, atracadores, violadores, sádicos y criminales fueron los que establecieron, impulsaron y sustentaron el poder español en nuestras tierras.

Mencionaba Coquito una historia que una vez circuló en la República Dominicana. De la manera que Coquito contaba la historia, la cual él decía que había leído en un libro, se refería que un día el tenebroso Rafael Trujillo se encontró con un conocido amigo de su régimen, y que al notar que el señor estaba en muy mala situación económica, lo nombró jefe de la aduana. En uno o dos años, el sátrapa volvió a ver el individuo y notó que el elemento parecía que todavía estaba en “inopia.” Cuando el malévolo Rafael Trujillo se le acercó y le preguntó que qué era lo que le pasaba, el hombre le dijo que él no estaba “muy en buena.” Entonces el criminal Rafael Trujillo le dijo: ¿Pero yo no te nombré director de Aduanas?

Es una mentalidad que se ha desarrollado a través de largo tiempo, la mentalidad de que cada vez que alguien recibe la responsabilidad de dirigir una secretaría o cualquier departamento del gobierno, esa persona concluye que ese puesto es para que él se sirva, no para servir al país o a sus habitantes. El reloj comienza a caminar. Viene el Lexus, las dietas, los hoteles gratuitos, la oportunidad de codearse con “el grande,” la seguridad que dan los guarda espaldas, los viajes gratis, las exoneraciones, los viajes de vacaciones y la oportunidad de depositar “un dinerito” en una “cuentesita” bancaria en el exterior.

Los primeros dos años pasan rápido. Quizás lo dejan tres. Está planificando la compra de una finca de arroz, y una finca de pangola para el ganado que él ahora posee. También le están haciendo la diligencia de encontrarle un lugar para la construcción de una mansión, pero él no la quiere donde  tocan mucha bocina, ni donde “esos locos” ponen música alta, ni por donde pasan esas motocicletas que producen aquel terrible ruido. El quiere su casa “donde vive la gente.” El no quiere que sus hijos se liguen con la “chamuchina.” Ahora él es un hombre millonario.

Pero, en unos países tan pobres, donde los obreros tienen que matarse como burros para poder mantener sus familias; donde el campesino a veces no halla para comprar unos zapatos; donde los maestros, las enfermeras, los médicos tienen que tirarse a las calles a exigir un pequeño aumento de sus salarios, y se los niegan!¿Cómo fue que el amigo de nuestro ejemplo consiguió todo ese dinero en dos, tres o cuatro años?

De los cinco caballeros que están entretenidos, hablando en la esquina de la calle, uno contesta:¡es que hay que ser avivato! El otro replica: ¡La cogioca mi hermano, la cogioca! Otro hace un guiño con el ojo derecho y dice:¡Esos donde dicen gato, dejan el pelerío! El cuarto caballero responde, con una sonrisa: ¡Y a quién le dan pan que no coma! El quinto caballero dice: ¡Es que esos son una partida de ladrones y corruptos! Aquellos bellacos españoles, y las diferentes dictaduras que tuvimos tienen que estar muy orgullosos por tan “ejemplar” enseñaza que nos dejaron.¡Ay,Papá!