Alegrarse por el bien de los demás (Mt 5, 16)
Servicios y agradecimientos, dar y recibir, don de la
reciprocidad, don de dos vías. Qué ambiente virtuoso se logra cuando unos y
otros están atentos entre ellos, y se tratan recíprocamente como hijos de Dios.
Cuando una persona hace conciencia de su responsabilidad para con los demás, darse a los demás,
participar en la búsqueda de su bien, está ejerciendo el “don de la reciprocidad”,
no sólo si recibe un agradecimiento o una retribución por su buen acto, sino
porque al hacer el bien a un semejante, se está haciendo bien a sí mismo.
Es difícil vivir en comunión, amándonos unos a los otros,
porque hoy por hoy, se nos ha llevado a pensar primero y únicamente en nosotros
mismos, de tal forma que la atención se centra en nuestras necesidades, gustos
y preferencias, y dejamos de lado las necesidades y gustos de los demás.
Olvidamos que…”la vida del otro, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi
salvación”; nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en
el bien como en el mal”. Lamentablemente vivimos en la época o cultura de la
indiferencia. El papa Francisco afirma que vivimos en la cultura de la globalización
de la indiferencia.
Esta precisa y apremiante afirmación del Papa nos lleva a
revisar una de las cualidades que hoy en día se ha perdido en gran medida, “el
saber escuchar”. La persona que verdaderamente escucha, está considerando a su
semejante como alguien valioso, como alguien digno de atención, considera
importante dedicarle su tiempo, porque es un hijo de Dios y entonces se puede
alegrar por sus alegrías o acompañarlo en sus La persona que se siente
escuchada agradece inmensamente esta atención. No es fácil escuchar cómo debe
ser, prestar atención con los oídos, con la mente, con el corazón, con la
mirada, no prestar atención al mismo tiempo que atendiendo y mandando un
mensajito por el celular, no prestando atención al mismo tiempo que viendo la
televisión o leyendo el periódico, sino atender con todo nuestro ser, con la viva
y sincera intención de entender el sentir y la necesidad real del otro.
Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto
ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales
de la vida de los hombres y mujeres de hoy llamados a vivir y a practicar
siempre el bien. Como nos dice el mismo Jesús: “no se cansen de hacer el bien”. Pues, para esto
hemos sido creados; y es la única forma en la que el hombre y la mujer se
realizan plenamente.
