lunes, 2 de marzo de 2015

Nuestra sensibilidad ante el dolor ajeno

Por el Lic. Eddy Arias Gómez

Al remontarnos a épocas pasadas nos llega el recuerdo el estilo y forma de criar a los hijos e hijas en el seno de la familia, los hermanos mayores cuidaban a los menores dándole alimento, bañándolos y tomándolos de manos para enseñarle a caminar, por ser indefensos se le protegía de todo peligro, para manifestar la fraternidad humana.

En la familia y los vecinos se vivía un alto grado de consideración, respeto y amor mutuo, afecto a cada persona; así aprendimos a mostrarnos sensibles ante el dolor y los problemas que oprimen a nuestros semejantes en cuanto a vivir dignamente como personas e hijos de Dios.

Hoy nos preguntamos ¿Podrán ser felices las personas indolentes que se muestran sordos y ciegos ante el sufrimiento de sus semejantes? ¿En qué tipo de cofre han guardado las enseñanzas de su casa, la escuela, la iglesia e instituciones que imparten sanas doctrinas?

Estamos en Cuaresma y sería importante que meditemos las sabias palabras del Divino Maestro de Nazaret dirigidas a sus discípulos y multitudes que les escuchaban “Que no se le embote la mente con el vicio y la preocupación del dinero. Por el dinero ya no hay padres para hijos ni hijo para padres, tampoco nos llama la atención de los que viven en el lodo, sin techo, sin ropa, sin alimento, medicina, sin camisas, sin agua, luz, educación y que se le valore como personas.

Los tratamos como objetos para que nos den un voto y luego le decimos, no te conozco o sálvese quien pueda; ya se están cargando los niños mucosos y besando a los viejos sin dientes. Dice Jeremías 17-5 Maldito el hombre que confía en el otro hombre.

La mentira, la indiferencia y el vacío existencial nos oscurece y nos aparta de la luz verdadera que estás en dios ¡Abre tu mente!

A los que aspiran a posiciones es bueno preguntarle ¿Qué le podemos mostrar a tu pueblo como obra que beneficien a todos los sectores? ¿Cuál ha sido tu trayectoria de trabajo social en la comunidad? No me ofrezca pan, dámelo ahora que tengo hambre. El árbol que no sirve hoy, mañana no esperes frutos de él.

Dice el apóstol Santiago 3-17-18 “La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia”.


Hasta el próximo número.