Al remontarnos a épocas pasadas nos llega el recuerdo el
estilo y forma de criar a los hijos e hijas en el seno de la familia, los
hermanos mayores cuidaban a los menores dándole alimento, bañándolos y tomándolos
de manos para enseñarle a caminar, por ser indefensos se le protegía de todo
peligro, para manifestar la fraternidad humana.
En la familia y los vecinos se vivía un alto grado de
consideración, respeto y amor mutuo, afecto a cada persona; así aprendimos a
mostrarnos sensibles ante el dolor y los problemas que oprimen a nuestros
semejantes en cuanto a vivir dignamente como personas e hijos de Dios.
Hoy nos preguntamos ¿Podrán ser felices las personas
indolentes que se muestran sordos y ciegos ante el sufrimiento de sus
semejantes? ¿En qué tipo de cofre han guardado las enseñanzas de su casa, la
escuela, la iglesia e instituciones que imparten sanas doctrinas?
Estamos en Cuaresma y sería importante que meditemos las
sabias palabras del Divino Maestro de Nazaret dirigidas a sus discípulos y
multitudes que les escuchaban “Que no se le embote la mente con el vicio y la
preocupación del dinero. Por el dinero ya no hay padres para hijos ni hijo para
padres, tampoco nos llama la atención de los que viven en el lodo, sin techo,
sin ropa, sin alimento, medicina, sin camisas, sin agua, luz, educación y que
se le valore como personas.
La mentira, la indiferencia y el vacío existencial nos
oscurece y nos aparta de la luz verdadera que estás en dios ¡Abre tu mente!
Hasta el próximo número.
