martes, 22 de septiembre de 2026

La Muerte de Davíd Brito González; parece que fue ayer

 

Los Conucos, Luperón, República Dominicana

(12 de noviembre de 1978 – 12 de noviembre de 2026)

48 años después, su recuerdo sigue vivo en nuestros corazones.

Hay heridas que el tiempo no logra borrar y recuerdos que permanecen intactos, sin importar cuántos años hayan transcurrido. La partida de David Brito González fue una tragedia que marcó para siempre a su familia, a sus amigos y a todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerlo. Su muerte a traición no solo nos arrebató a un ser querido, sino que también dejó un vacío inmenso en nuestras vidas.

Aquel sábado 12 de noviembre de 1978 debía ser uno de los días más felices de su vida. Era la fecha en la que David había planificado celebrar su boda, pero, por circunstancias de la vida, la ceremonia fue pospuesta para el sábado 19 de noviembre. Sin imaginar lo que el destino le tenía preparado, aquella tarde decidió trasladarse a La Isabela para disfrutar de una gaseosa, compartir un momento agradable y distraerse un poco.

Allí se encontró con una persona a quien consideraba cercana y a quien cariñosamente llamaba «primo». David, con la nobleza y la generosidad que siempre lo caracterizaron, lo invitó a compartir su mesa. Durante la conversación, aquella persona le comentó que debía viajar temprano al pueblo de Puerto Plata y que deseaba pasar la noche en un lugar más cercano a la ruta, para poder descansar un poco más.

Como aquella persona vivía en Los Harquíes, a unos tres kilómetros de su residencia, David, sin sospechar absolutamente nada, le ofreció hospedaje en su propia casa. Jamás imaginó que aquel gesto de bondad y hospitalidad sería aprovechado por quien terminaría arrebatándole la vida.

Al llegar a su hogar, David hizo lo que cualquier hombre de buen corazón habría hecho: le ofreció a su invitado la habitación matrimonial y su propia cama, procurando que estuviera lo más cómodo posible. Él, por su parte, se retiró a descansar en otra habitación.

Mientras David dormía profundamente, aquella persona traicionó la confianza que había recibido. Según el relato familiar, se apoderó de su ropa, su revólver, dinero en efectivo y otras pertenencias de valor. 
Pero el robo no fue suficiente. En medio de la noche, mientras David descansaba indefenso, aquella persona acabó con su vida. 

¡Qué dolor tan grande! ¡Qué traición tan cruel!

David había abierto las puertas de su hogar con sinceridad, sin imaginar que estaba recibiendo a quien convertiría aquella noche en una tragedia que marcaría para siempre la historia de nuestra familia.

Aquel hombre que se preparaba para celebrar su matrimonio apenas siete días después nunca pudo llegar al altar. Sus sueños, sus ilusiones y los planes que tenía para su futuro quedaron interrumpidos aquella noche.

Hoy, 48 años después de su dolorosa partida, seguimos recordándolo con el mismo cariño y admiración.

Recordamos al hombre serio, honrado, solidario y de buen corazón que fue. Al ser humano que sabía brindar una mano amiga, que compartía con los demás y que siempre estuvo dispuesto a ayudar a quien lo necesitara.

Su recuerdo permanece vivo en nuestras conversaciones, en nuestras memorias y en cada historia que compartimos sobre su vida.

David Brito González no ha sido olvidado.

Su nombre continúa siendo pronunciado con respeto, cariño y admiración por quienes lo conocieron y lo amaron.

En lo más profundo de mi memoria existe un rincón que le pertenece para siempre. Allí permanecerán su recuerdo, su nobleza y el testimonio de la hermosa persona que fue. Aunque han pasado tantos años, todavía parece que fue ayer. Porque hay personas que, aun después de partir, continúan viviendo en el corazón de quienes las amaron.

¡Nunca te olvidaré, David Brito González!

Que tu recuerdo permanezca vivo de generación en generación y que tu historia sea siempre un testimonio de la bondad, la solidaridad y el amor que sembraste durante tu paso por esta tierra.

Cortesía de: Cerro de Navas