Mientras revisábamos las noticias de El
Ranchero Digital en días pasados, tuvimos la oportunidad de leer algo que llamó
nuestra atención, despertando nuestra curiosidad. La información era acerca de
cómo uno de esos “comandantes” Obispos que pululan en la República Dominicana
clamaba fervientemente para que se enviaran militares a controlar la frontera
que nosotros los dominicanos compartimos con nuestro hermano país de la República
de Haití.
Es hartamente conocido que en países que comparten líneas
fronterizas siempre afloran diferentes situaciones sumamente difíciles de
controlar. Ello se debe primariamente a que las fronteras son divisiones
para mantener humanos aparte, o separados. Es difícil separar a los
humanos porque ellos, además de ser animales de la misma especie, son animales
inteligentes, para los cuales es totalmente natural estar
constantemente maquinando, ideando e inventando cómo violar esas fronteras para
las diversas necesidades de su vida cotidiana, sean ellas relacionadas con
comer, trabajar, curarse, estudiar, negociar o tener sexo.
Nadie ha podido, ni jamás podrá contener al
humano, pues el humano comprende que en realidad no existen fronteras. Sabe
el humano que las fronteras son divisiones temporarias y que en verdad la
totalidad del planeta pertenece a las plantas, a los otros animales y a los
humanos también. Conoce el humano que las personas, aun teniendo la piel de
diferentes colores, o hablando distintas lenguas, somos la misma especie, Homo
sapiens, no importa en qué región del planeta vivamos.
En las pequeñas perturbaciones e irregularidades
acaecidas en la relación fronteriza de más de dos siglos con
nuestros vecinos de aquél lado del Artibonito, han sido los poderosos contrabandistas
dominicanos, traficantes de drogas y de armas, de maderas preciosas, de arena, de
alcohol y de prostitutas los que maliciosamente siempre
se han beneficiado, apuntando el dedo acusador hacia los haitianos, para que
tengan que pagar los platos rotos y aparezcan como los villanos, mientras ellos
se lavan las manos.
Muchas de las “añejas y encumbradas” familias de
ricachones que parasitan en nuestro país desde los tiempos coloniales, han
acumulado sus fortunas principalmente por medio del contrabando y el tráfico
ilegal a través de la frontera con Haití. Comúnmente son ellos los que provocan
desavenencias, racismo y odio en la línea fronteriza, donde para tales fines
también usan a los perversos Obispos.
Resulta entonces raro que artificiosamente haciéndose
el ignorante de todos estos sencillos y comunes detalles, uno de esos
individuos comience a vociferar como un loco, reclamando que manden hacia la
frontera a los militares, para que atropellen, maltraten y usen
el garrote contra las gentes; como siempre tratando de sembrar la mala cizaña.
Es de aquí precisamente que procede la pregunta: ¿En qué es que
trabajan los Obispos?
Desde que uno puede hacer memoria ha estado oyendo
acerca de cómo esos tajalanes jerarcas religiosos disfrutan de privilegios
especiales, esmerada atención y exclusivo tratamiento sin realmente habérselos
ganado. Y cómo han disfrutado, a lo largo de nuestra corta historia, del “
Paraíso en la tierra”. Ellos fueron esmeradamente complacientes con Pedro
Santana, Ulises Heureaux, Rafael Trujillo y otras dictatoriales figuras que
engendraron el miedo, la servidumbre y la corrupción en nuestra idiosincrasia; continuamente
manejando para extraer la mejor tajada y mantenerse como
una élite privilegiada.
Las novelescas narrativas de Alejandro
Dumas y Víctor Hugo son como un pregón para advertirnos y darnos una idea del
aborrecible comportamiento y las andanzas de la Casta Obispal en el continente
europeo. Indiscutiblemente que aquellos interesantes relatos tratan antes que
nada de ponernos en guardia a ver si nosotros aprendíamos y nos cuidábamos
del villano grupo.
Nos avisan los dos autores de cómo casi siempre, en
Europa, los sombríos Obispos fueron el real poder detrás del poder, azuzando
persecuciones, contribuyendo a mantener las mazmorras europeas repletas de
inocentes presos y mostrando puño de hierro al manipular la turbia y corrupta
política de aquél viejo continente.
Pero no hay que ponerse a mirar hacia allá, cuando el río se nos
desborda acá.
Nosotros los dominicanos no necesitamos salirnos de
nuestros límites marinos para demostrar fehacientemente y exhibir
testimonios irrefutables de que de una manera o de otra, los
bellacos Obispos jugaron un papel determinante en las penurias de
nuestra azarosa vida colonial, como también lo han jugado a través de nuestra
moderna vida republicana, donde fueron trasplantados con todo su odioso poderío
y sus maléficas y falaces acciones.
Claro que uno conoce la función de los Obispos en el
Estado Burgués-Terrateniente; donde ellos se caracterizan por estar siempre
apoyando y protegiendo a los poderosos, que son sus creadores, y sus
patrocinadores; apoderándose de las ansias y jugando con las emociones de la
empobrecida población, ocasionadas por la ignorancia y la frustración, y
aprovechándola al máximo para confundirla, asesinando la esperanza y los
anhelos jamás alcanzados.
Siempre en lo obscuro, detrás de la mampara, o detrás
de la puerta que lleva al sótano, intrigando, al acecho, para alzarse con el
mejor pedazo del pastel. Viviendo económicamente holgados, envueltos como un
guanimo en sus perversidades. Muchas veces haciéndose pasar por “letrados”, pero
sólo logrando parir letras muertas, sin color ni calor. Presumiendo cuando se
les permite entrar, que son hombres importantes, pero sólo infundiendo atraso y
predicando mansitud para que el hombre se amanse y manso pueda ser fácilmente
presa de los opresores, que prefieren las gentes mansas.
En todo el mundo, el Obispado ha jugado el papel de un
freno dañino, con el ruin propósito de frenar las corrientes progresistas;
subalterno de la clase dominante y su maligna empresa de oprimir. Siempre
ausente y silente cuando los dictadores enroscan las sociedades como boas, engulléndolas
en sus voraces fauces; jamás oponiéndose a la violencia del poderoso
contra el explotado. Siempre llamando al pobre a que aguante, y sea
pacífico y paciente con el explotador; que contra los dolorosos golpes del
potente vaya y rece, que ello le servirá de cataplasma para las heridas; pero
cautelosamente cuidando de que el explotador gane la injusta y desigual
trifulca.
A través de nuestros diferentes periodos históricos, los
presuntuosos Obispos han sido un vehículo para promover la ignorancia, procurando
dádivas y reverencias sin merecimiento; alternando y encompadrando con las
cabezas de las fuerzas represivas, para sugerirles métodos de
opresión y tortura, contribuyendo a causar más sufrimiento al oprimido. Los
corruptos y criminales gobiernos de la dictadura ilustrada balaguerista les
sirvieron de canteros para que germinaran y se hicieran fuertes, en una
Sociedad en que se consideraba urgente anular el aguerrido nacionalismo y
disminuir el interés revolucionario, que logró su efervescencia después de
la caída de la larga dictadura.
Los bobos gobiernos perredeistas les permitieron
florecer y creerse importantes, ofreciéndoles papeles protagónicos en el
proceso de entrega del país a los intereses extranjeros; mientras
que los gobiernos peledeistas los dejaron producir sus
frutos para que sus tentáculos se apropiaran de la vida del país, dándoles un
papel predominante en las reformas constitucionales con que la burguesía rige
la nación; y entonces pariendo una Constitución más atrasada,con más poder para
los latifundistas, facilitando que la oligarquía apretara más su férreo control
sobre la población.
Todos esos gobiernos burgueses dieron acceso
a los perversos teólogos para que incrementaran su influencia en la
Vida Nacional. Los dejaron controlar la Educación, para que les lavaran el
cerebro a los jóvenes, suprimiendo el pensamiento nacionalista y rebozando el
país de violencia; incrementando los crímenes, corrupción, prostitución,
drogas, tráfico de armas e irrespeto por la vida. La idea fue la creación
de un Estado teológico-militar para abrir paso al entreguismo, controlando
la educación y manteniendo el currículum educativo del país con la enseñanza
religiosa, como algo imprescindible. La creación de Universidades religiosas
para enseñar atraso; drogas y religión para aletargar y arrodillar la
población. Armas y religión para que se ocupen de matarse unos con otros, mientras
se destruían las inquietudes progresistas.
Y la malvada altanería y degeneración del grupo no
opera sólo en nuestro país; ha venido a convertirse en una calamidad mundial. A
Argentina, Perú, Colombia, Brazil, Méjico, etc. no les han permitido abrir
las bocas, pero ya a los chilenos se les acabó la paciencia, no pudiendo
aguantar más. Más de 300 maleantes Obispos han tenido que renunciar de sus
acomodadas y privilegiadas posiciones por violaciones de niños y otras
bellezas. En Estados Unidos, los Estados de Pennsylvania e Illinois son sólo
dos ejemplos para mostrar más de 7,000 casos de perversidades de los Obispos, con
los otros Estados iniciando sus investigaciones.
Cuando las mujeres dominicanas decidan deshacerse del
miedo que el machismo originó, se unan y comiencen a denunciar ante el mundo
todos los abusos sexuales y desmanes provocados por los bandidos Obispos, tanto
contra ellas como contra sus hijos, habría que construir nuevas cárceles para
poder meterlos, porque ellos no cabrían en las que existen hoy. Un joven estudiante
de término podría escribir una tremenda Tesis haciendo la
investigación acerca del tema, pero teniendo mucho cuidado, porque los negros
murciélagos cuentan con fuerte protección de su Estado.
Es un Viejo truco de la burguesia, permitirles a los
teólogos tener protagonismo para que cocinen la sopa de sapos, esa sopa se
reboce, se bote y se salpique el país de ignorancia y supersticiones. Falsamente
engatusan las gentes para que crean que ellos son hombres a imitar, aparentando
ser conspicuos, y presumiendo de eruditos y consejeros. Pero dónde puede estar
la erudición, y qué consejos se pueden esperar de unos individuos que se
sustentan en letras muertas, desoladas y sin ánimo; antagonistas mortales del
progreso de la Sociedad.
Más preferible sería el hombre que se presenta; el
hombre que se levanta de su cama para saludar el día y mira y se
amalgama con la gente, compartiendo sus desilusiones y el
entusiasmo de vivir. Aquél que como Martí se enfrenta al sol, y hasta muere con
honor en el campo de batalla. El hombre como Lenin, que no ceja, y con su
pensamiento guía. El hombre como Bolívar que dio la libertad a muchedumbres.
El hombre como Duarte, que si se hace clandestino por un tiempo, sale a
pregonar verdades y consigue liberar e independizar; el hombre como Hochiminh, que
tiene carisma y el corazón honesto y grande; y que se agranda más.
De ejemplo sirven los hombres como Sandino y Zapata
que aunque mueren en el camino, siembran ideas imperecederas para que las
venideras generaciones los tomen como ejemplo en la sagrada tarea de liberar
sus patrias. No es un ejemplo el hombre que habla de ayudar al pobre; pero al
hombre que lucha por acabar con la pobreza, pues el hombre que hace su vida
ayudando al pobre, necesita pobres, para morbosamente conseguir prebendas y
disfrutar su hipócrita vida.
Mil veces preferible es el hombre campesino y el
trabajador de construcción, que la piel se les pone negra bajo el tetero del
sol; que trabajan hasta más no poder, enfrentando la intemperie y dejando su
aliento y sus vidas en el campo y en el concreto, para ganarse su sustento y el
de sus familias. Hombres que procrean sus hijos apareándose a su mujer; no
ocultándose detrás de la hipocresía para lograr y obtener su satisfacción
sexual.
Ejemplar se podría llamar el hombre que da la cara; el
que no se esconde. El que desafía el viento y la tempestad; el que jamás oculta
sus ideales, y nunca miente. Son hombres a imitar los que nunca dicen mentiras,
aún bajo amenazas, hombres probos y de principio como Sánchez, que lo da
todo, y prefiere morir frente al paredón antes de arrodillarse, porque sabe que
lleva en él la patria. Son preferibles los hombres que no recurren a la
necesidad de intrigar ni de confabular detrás de las puertas o las cortinas
pues ellos saben que las intrigas son chismes pintados de mentiras, que jamás
llegan lejos caminando.
Y si de lo que se trata es de hablar Verdades de
Verdades, ésta es una que no acepta argumentos: que donde quiera que haya un
asentamiento humano, no importa el clima o lugar en que se viva. Ya sea en
ciudades, montañas, valles, junglas, mares o desiertos, tres necesidades hay
que son fundamentales, que están por encima de todo, y que jamás pueden estar
ausentes: comida, sexo y trabajo.
Para finalizar, ¿qué es lo que uno propone que se
haga con los Obispos? Nada. Nada hay que hacer. Ellos irán desapareciendo de la
escena paulatinamente. Las poblaciones irán perdiendo el interés en ellos
porque no necesitarán más de sus “servicios”. Hay dos cañones que truenan hoy
en el mundo, aclarando tinieblas; siendo ellos la Ciencia y la Tecnología, ambas
basadas en verdades probadas y comprobadas. Esos dos poderosos cañones poseen las
respuestas futuristas para aclarar todas las interrogantes. Feliz Año Nuevo!!!
