domingo, 29 de octubre de 2017

El ambiente, un bien colectivo



Por el Lic. Eddy Arias Gómez

Se asume como casa común, el espacio donde coexistimos todos los seres vivos, donde cada especie busca el tipo de hábitat que mas les conviene para adaptarse al tipo de vida para sobrevivir.

La tutela del mido ambiente constituye un desafío para toda la humanidad: Se trata del deber común y universal, de respetar un bien colectivo, destinados a todos, impidiendo que se puedan utilizar impunemente las diversas categorías de seres vivos o inanimados, animales, plantas, elementos naturales; como mejor apetezca, según las propias exigencias; es una responsabilidad que debe crecer, teniendo en cuenta la globalidad de la actual crisis ecológica y la consiguiente necesidad de afrontarla globalmente, ya que todos los seres dependen unos de otros en el orden universal establecido por el creador, conviene tener en cuenta la naturaleza de cada una y su mutua conexión en un sistema ordenado, que es precisamente el cosmos; corresponde al hombre cumplir el mandato divino de poner a cada ser y ordenarlo de manera que no le hagas daños al otro, aunque cada uno usará la manera de alimentarse sin olvidar que otro depende de la tierra.

Cuidemos de no contaminar el entorno que nos circunda  para una vida sana y tranquila.


Se obtiene una vida sana y un medio ambiente en la medida que cuidemos de no dañar nuestros bosques con las talas indiscriminadas de árboles, vertiendo la basura y restos nocivos a nuestros ríos, cañadas, arroyos, lagos, lagunas y dunas.

No contaminar con sonidos y altos volúmenes que molesten a la tranquilidad y reposo de los demás. Usar los aerosoles de manera controlada para no contaminar la capa de ozono. No escupir en cualquier lugar, ni pasar las manos sucias por donde circundan otras personas. No dañar el cuerpo que es templo y casa para el espíritu o alma con tatuaje, sustancias de colorantes para el pelo; embriagarse con alcohol, tabaquismo y estimulantes gastronómicos.

Para cuidar de manera efectiva nuestro ambiente, saber usar la conciencia de no dañar con pocilgas, chiqueros, sépticos y basureros en lugares poblados de personas.

No contaminemos nuestras fuentes de agua, cuidar con amor nuestras floras y faunas donde descansan todos los seres vivos.

Todas esas prácticas dañinas se convierten en pecado mortal, es decir no veremos a Dios.

¡Cuidemos y cuidémonos!