Yo atendí la Universidad Autónoma
de Santo Domingo (UASD) en la década de los 70s.La UASD en ese tiempo se podía
considerar uno de los pocos territorios libres del país, donde todavía los
vientos turbulentos y acariciadores de la revolución de Abril se podían sentir
en el aire. Las ideas progresistas del país se habían atrincherado en los
predios universitarios y se podía sentir el ambiente de compañerismo y
consideración producido por aquellas ideas avanzadas. El terreno era fértil
para enseñar, estudiar y aprender. Precisamente lo que necesita un joven
estudiante que se propone caminar esa promisoria senda.
Es cosa de común conocimiento que no hay mejor
señal para indicar cómo se vive en libertad, como el sentir que a uno lo tratan
con respeto, con igualdad y con dignidad. No importaba el nivel educativo o la Facultad a la que se
perteneciera, todos presentaban una cara de amigos, desde que uno llegaba. El
ambiente inspiraba confianza. La
Asociación de Estudiantes respetaba la Asociación de
Profesores, la Asociación
de Empleados respetaba a cada quien y al mismo tiempo era respetada y apoyada
por todos las veces en que se veía empujada a tener que exigir cualquier justo
reclamo. Allí todo el mundo estaba organizado.
En el tiempo en que yo llegué a la UASD , la lucha por el medio
millón estaba en su apogeo. Recientemente habían asesinado al brillante
estudiante Amín Abel Hasbun, el 24 de Septiembre del año 1970.Un poco más de un
año después de yo entrar, asesinaron a la pobre Sagrario, tremenda promesa
nacional. Herida por los gorilas criminales que pisotearon el fuero de la Universidad , el día 4
de Abril del 1972.Ella murió, después de una agonía de diez días, el 14 de
Abril. Yo participé, junto con miles más de estudiantes, en su funeral en el
Cementerio de la Máximo
Gómez.
El fin del conflicto de Abril se hizo con negociaciones de
espalda al pueblo dominicano; oculto de las masas populares. Siempre ha sido
común que al pueblo dominicano lo ignoren en las decisiones políticas o
económicas. Ellos son los perennes ausentes, los que viven pero no están. Los
que nadie quiere mirar y si los miran, es por encima del hombro. Sólo cada
cuatro años bajan allá a verlos, para engañosamente hacerles creer que
ellos son los protagonistas; que ellos deciden. Pero cuando bajan donde ellos, ya
los dueños del país han planificado a quién es que van a llevar y quién es que
va a ganar. Algunos han llamado esto la burla del parlamentarismo.
Los ricos dueños del país se reunieron con los invasores
detrás de las cortinas, y se hicieron cargo de los destinos del
país. Los norteamericanos no les permitieron a los dominicanos resolver sus
problemas entre ellos mismos. La discusión la acabaron cuando los dos bandos
tenían las palabras en las bocas. Los que pararon el argumento, los
entrometidos que no tenían velas en el entierro, pararon un proceso
genuinamente dominicano, un capítulo que había que cerrar, después de haber
vivido por 31 años en la jungla, sufriendo la ley del más fuerte y del más
fiero. Los norteamericanos escogieron su títere y le encomendaron la
“pacificación” de la nación, porque las familias ricas, los dueños del país,
estaban muy preocupados, inconformes. A ellos no les había gustado la
experiencia de Abril del 1965.
Los “grandes” todavía estaban temblando del miedo. Suerte
tuvieron que los principales protagonistas del lado constitucionalista no
tenían pantalones revolucionarios, ni eran proletarios, porque entonces sí que
“el arroz con habichuelas” hubiera quedado bien hecho. Entonces el gobierno
marioneta que los norteamericanos encargaron de atender “los huevos en el nido,”
se comprometió ante sus patrones a mantener el país en zozobras, perseguir
a los que ellos llamaban “comunistas”, aunque muchos ni sabían el significado
de la palabra; asesinar o encarcelar a los jóvenes llamados “cabezas
calientes”, infiltrar muchas de las organizaciones políticas progresistas con
agentes, y seguir las reglas de juego de la lúgubre CIA norteamericana, que también
suplía informaciones, al mismo tiempo que les daba órdenes.
Ese gobierno sustentó las bases militares extranjeras, y
aprobó los nefastos métodos de terror, control y dominio que ya los
“muchachitos buenos” Sucarno, Marcos, Zomosa, Pérez Guillén, Batista y el entreguista
coyote mejicano Porfirio Díaz, venían practicando desde hacía años en sus
respectivos, angustiados países. Estos fueron los mismos métodos practicados
en Alemania y España en la época pre-hitleriana.
Establecen su campaña de intolerancia atemorizando, estúpidamente
creyendo que “la fiebre está en la sábana.” Ellos ignoran o pretenden
ignorar, que el motivo por el que los trabajadores, obreros y campesinos
se levantan, es porque ya no pueden más. Porque se dan cuenta de que ellos
trabajan y trabajan duro para ganarse “las habas,” mientras los dueños de los
medios de producción y los latifundistas viven “la vida bonita,”sin dar un
golpe “ni de karate.”
Pero con un sujeto tan perverso e hipócrita, como el
santurrón Joaquín Balaguer, que había secundado al demonio Rafael Trujillo en
todas sus andanzas, los norteamericanos encontraron el correcto cordón para los
zapatos. Un cordón que asfixiaba a las amplias mayorías de la población
dominicana, mientras suplía gran cantidad de oxígeno a los ricos, latifundistas
y murciélagos religiosos, para que respiraran confortablemente.
Crearon un grupo de poder tan negativo y repugnante para el
país, que fue la cuna donde nacieron los mercaderes que hoy lo controlan. Y
cuando el desvergonzado, de una manera desvergonzada dijo las desvergonzadas
palabras de que ”en su gobierno la corrupción se detenía a la puerta de su
despacho,” los dominicanos se miraron las caras con una sonrisa de
picardía, pensando: “Más corrupto eres tú, truhán, que lo permite.”
En aquellos años, además de las arduas obligaciones de
estudios, el estudiante de la
UASD comprendía que para disfrutar ese ambiente de
familiaridad, tranquilidad y avance en la Universidad , esta casa
de todos había que mantenerla abierta a como diera lugar. El costo de la
matrícula era gratis, y con todo esto, también proveían comida al estudiante, al
mínimo costo de 25c, en el Comedor Universitario. Esa comida en ese tiempo
arroz, spaghetti, leche, frutas, y, a veces, carne y habichuelas, era como un
sueño.
Yo creo que no estoy hablando disparates si digo que, después
de tantos años, y habiendo disfrutado diferentes manjares a través de mi vida, nunca
he disfrutado uno que fuera como el que servían en aquél Comedor Universitario.
Muchos de nosotros nos “matamos el hambre” allí. Como una extra ayuda, algunas
veces se podía conseguir un ticket en la Asociación de Estudiantes, para entrar y comer
gratis. ¡Siempre estaremos agradecidos de la UASD por esto!
En la UASD
se trataba a los estudiantes con respeto. Nunca nos miraron desde arriba; y
aunque las líneas para entrar al Comedor eran inmensas, yo no recuerdo haber
visto estudiantes peleando, ofendiéndose o con algún tipo de violencia. Las
únicas discusiones que sí eran acaloradas eran las políticas, pero a un
nivel profesional y de altura. Aquellas polémicas eran una escuela donde uno
podía aprender economía, historia, filosofía, sociología, política, etc. A
veces ellas se extendían por el día entero, sin ir al baño o pararse para
comer; a menudo continuando al otro día.¡Era el libre choque de las ideas!¡La
lucha ideológica, que es fundamental para el avance político!
Cuando había que movilizarse en el campo universitario, nosotros
estábamos ahí, defendiendo lo justo; cuando se llevaba la “lucha al seno del
pueblo,” nosotros estábamos allí, exigiendo lo que era justo; cuando había que
ir de aula en aula haciendo anuncios y hablando con los estudiantes, nosotros
estábamos presente; porque no hay un crimen más grande que la indiferencia,
cuando todos nos vamos a beneficiar.
Duarte y sus heroicos compañeros tuvieron que pasar por esto
constantemente, para lograr la ansiada independencia del país. Y cuando ellos
se encontraban con los indiferentes, su pasión por la lucha libertaria no
disminuía. Ellos consideraban que ser indiferente, aún siendo una vergüenza, sólo
demostraba las disparidades de conciencia y las diferencias del nivel cultural
y político de los miembros de la sociedad humana.
Esto es normal. Si la mayoría de los habitantes del planeta
fueran culturalmente avanzados y con un elevado nivel de conciencia, nuestro
planeta fuera socialista, y fuera inmensamente feliz. Esto es algo imposible
por ahora, donde todavía existen reyes y familias aristocráticas parasitarias, con
enorme poder y capital económico. Estos personajes quieren que los otros bajen
las cabezas cuando los miran, y sienten una sensación de satisfacción cuando
orinan en bacinillas de oro. La mayoría de esos países carecen de comida, educación
y servicios públicos adecuados para la población.
Pues aquellas “luchas en el seno del pueblo” eran unas
verdaderas aventuras. Después de que las guaguas de la Universidad
desmontaban a uno en las barriadas, cada quien tenía que valerse por él
mismo. Primero, muchos de los estudiantes no conocíamos la capital; Segundo, nadie
estaba seguro de cómo iba a regresar a los terrenos universitarios o a sus
casas; tercero, no se conocía si las fuerzas represivas del gobierno, los
policías, los calieses y los “locos viejos” adulones, que por una sonrisa
fingida del patrón “les venden su alma al mismo diablo,” iban a lograr agarrar
o capturar a uno y lo iban a llevar a las rejas. En una palabra, nadie sabía
cómo iba a terminar el día. Lo único que todos sabíamos era que se estaba
haciendo lo correcto, apoyando nuestro centro de estudios, que estaba amenazado
por las fuerzas trogloditas del país y los reaccionarios mundiales.
Mi mamá llamaba a la UASD “la malcriada”, expresión que también se les
dice a los niños cuando no quieren obedecer órdenes o instrucciones. Una
correcta actitud de la UASD , por
oponerse a seguir los mandatos de la parte negativa del país, los ricos, los
latifundistas y los entreguistas. Ahí es donde está la gran obra
cumbre que nos inculcó y nos dejó la UASD a los que estudiamos allá. Nos instruyó a
oponernos a lo negativo y nocivo para el país, a abrir la mente a nuevas ideas,
a buscar la verdad y denunciar a los que se nutren de la ignorancia, el atraso
y el analfabetismo de la población, para ellos cometer sus crímenes, sus
tráficos, sus engaños con los juegos de azar, y mantener el penoso yugo
centenario sobre la población. ¡Ejemplar centro educativo, el que enseña a
discernir! ¡Incomparable Obra!
En una de esas aventuras fue que yo vi a Masámbula. Este
individuo, en aquel entonces, era un teniente de la policía nacional, muy
famoso por lo represivo, violento, la aversión contra los estudiantes, el odio
que le tenía a la gente humilde, y lo salvaje de sus procederes. El tipo tenía
la apariencia de un enorme gorila, con los brazos largos, y la boca grande. La
metralleta que llevaba parecía un palillo de diente en sus enormes manos. Esa
metralleta tenía una calavera en la culata.
El elemento era muy famoso en las barriadas de Villa Juana, Villa
Francisca y Villas Agrícolas y, según las historias que se contaban acerca de él
entre los estudiantes, era un torturador profesional, que subió de
rango asesinando desde los tiempos de la tétrica dictadura de Rafael Trujillo. Era
una situación conflictiva, nosotros exigiendo lo que creíamos justo para el
país, y la policía cumpliendo con la tarea para la que ellos son creados, para
defender los mandatos de los poderosos burgueses y latifundistas del
país, los reaccionarios.
Hoy, después de tanto tiempo, y mirando como los años
jóvenes pasaron volando, aunque dejando la sabiduría y la experiencia de toda
una vida, uno fácilmente se percata de que éramos nosotros los
que teníamos la razón. Ha pasado mucha agua por el río Ozama, que se ha metido
al Atlántico para mezclarse con el agua salada. De igual manera los gobiernos
burgueses han llegado y han pasado, y han venido, y se han ido, dejando
un amargo sabor en la boca de los dominicanos.
Esos gobiernos dejaron intacto el mismo cargamento de
miseria e injusticia. La situación de la terratenencia, de la corrupción y la
explotación industrial. Han mantenido el país aturrullado, con los oficios
desapareciendo, y la población aglomerándose en los núcleos urbanos, convirtiéndose
en línea de defensa, esperando el momento en que algún día ellos “puedan ver a
Linda”.La inmensa multitud de campesinos que tuvo que dejar el campo, huyéndole
a los despiadados fuetazos de los terratenientes, que les robaron sus terrenos
“por tres monedas,”y los hicieron saborear el hambre y la pobreza.
Muchos de aquellos jóvenes estudiantes que acaloradamente
discutían y polemizaban en los predios de la UASD en lo años 70s, explicaban de cómo la
burguesía nacional le estaba entregando el país al imperialismo norteamericano.
Ellos también denunciaban de cómo nuestro orgullo nacional estaba siendo
vendido por mohosas monedas a las compañías multinacionales, las que se estaban
apoderando de las riquezas de nuestro país.
En sus interesantes confrontaciones ideológicas, aquellos
estudiantes también pronosticaban de cómo las erradas políticas gubernamentales
estaban empujando a nuestro país a perder su identidad nacional, siendo fácil
presa de grupos extranjeros de traficantes de drogas, traficantes de armas,
traficantes de prostitutas y odiosos grupos de hipócritas religiosos. Mientras
pasaban cerca, atraídos por el alboroto de aquellas interesantes discusiones, algunas personas
los escuchaban, los miraban y pensaban:”¡Estos muchachos no saben lo que están
hablando!” ¿Y usted hoy, qué pensaría?
