jueves, 6 de abril de 2017

Recalcando

 Por el Doctor José Pérez

Yo atendí la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en la década de los 70s.La UASD en ese tiempo se podía considerar uno de los pocos territorios libres del país, donde todavía los vientos turbulentos y acariciadores de la revolución de Abril se podían sentir en el aire. Las ideas progresistas del país se habían atrincherado en los predios universitarios y se podía sentir el ambiente de compañerismo y consideración producido por aquellas ideas avanzadas. El terreno era fértil para enseñar, estudiar y aprender. Precisamente lo que necesita un joven estudiante que se propone caminar esa promisoria senda.

Es cosa de común conocimiento que  no hay mejor señal para indicar cómo se vive en libertad, como el sentir que a uno lo tratan con respeto, con igualdad y con dignidad. No importaba el nivel educativo o la Facultad a la que se perteneciera, todos presentaban una cara de amigos, desde que uno llegaba. El ambiente inspiraba confianza. La Asociación de Estudiantes respetaba la Asociación de Profesores, la Asociación de Empleados respetaba a cada quien y al mismo tiempo era respetada y apoyada por todos las veces en que se veía empujada a tener que exigir cualquier justo reclamo. Allí todo el mundo estaba organizado.

En el tiempo en que yo llegué a la UASD, la lucha por el medio millón estaba en su apogeo. Recientemente habían asesinado al brillante estudiante Amín Abel Hasbun, el 24 de Septiembre del año 1970.Un poco más de un año después de yo entrar, asesinaron a la pobre Sagrario, tremenda promesa nacional. Herida por los gorilas criminales que pisotearon el fuero de la Universidad, el día 4 de Abril del 1972.Ella murió, después de una agonía de diez días, el 14 de Abril. Yo participé, junto con miles más de estudiantes, en su funeral en el Cementerio de la Máximo Gómez.


El fin del conflicto de Abril se hizo con negociaciones de espalda al pueblo dominicano; oculto de las masas populares. Siempre ha sido común que al pueblo dominicano lo ignoren en las decisiones políticas o económicas. Ellos son los perennes ausentes, los que viven pero no están. Los que nadie quiere mirar y si los miran, es por encima del hombro. Sólo cada cuatro años bajan allá a verlos, para engañosamente hacerles creer que ellos son los protagonistas; que ellos deciden. Pero cuando bajan donde ellos, ya los dueños del país han planificado a quién es que van a llevar y quién es que va a ganar. Algunos han llamado esto la burla del parlamentarismo.

Los ricos dueños del país se reunieron con los invasores detrás de las cortinas, y se hicieron  cargo de los destinos del país. Los norteamericanos no les permitieron a los dominicanos resolver sus problemas entre ellos mismos. La discusión la acabaron cuando los dos bandos tenían las palabras en las bocas. Los que pararon el argumento, los entrometidos que no tenían velas en el entierro, pararon un proceso genuinamente dominicano, un capítulo que había que cerrar, después de haber vivido por 31 años en la jungla, sufriendo la ley del más fuerte y del más fiero. Los norteamericanos escogieron su títere y le encomendaron la “pacificación” de la nación, porque las familias ricas, los dueños del país, estaban muy preocupados, inconformes. A ellos no les había gustado la experiencia de Abril del 1965.

Los “grandes” todavía estaban temblando del miedo. Suerte tuvieron que los principales protagonistas del lado constitucionalista no tenían pantalones revolucionarios, ni eran proletarios, porque entonces sí que “el arroz con habichuelas” hubiera quedado bien hecho. Entonces el gobierno marioneta que los norteamericanos encargaron de atender “los huevos en el nido,” se comprometió ante sus patrones a mantener  el país en zozobras, perseguir a los que ellos llamaban “comunistas”, aunque muchos ni sabían el significado de la palabra; asesinar o encarcelar a los jóvenes llamados “cabezas calientes”, infiltrar muchas de las organizaciones políticas progresistas con agentes, y seguir las reglas de juego de la lúgubre CIA norteamericana, que también suplía informaciones, al mismo tiempo que les daba órdenes.

Ese gobierno sustentó las bases militares extranjeras, y aprobó los nefastos métodos de terror, control y dominio que ya los “muchachitos buenos” Sucarno, Marcos, Zomosa, Pérez Guillén, Batista y el entreguista coyote mejicano Porfirio Díaz, venían practicando desde hacía años en sus respectivos, angustiados países. Estos fueron los mismos métodos  practicados en Alemania y España en la época pre-hitleriana.

Establecen su campaña de intolerancia atemorizando, estúpidamente creyendo que “la fiebre está en la sábana.” Ellos ignoran o pretenden ignorar, que el motivo por el que los trabajadores, obreros y  campesinos se levantan, es porque ya no pueden más. Porque se dan cuenta de que ellos trabajan y trabajan duro para ganarse “las habas,” mientras los dueños de los medios de producción y los latifundistas viven “la vida bonita,”sin dar un golpe “ni de karate.”

Pero con un sujeto tan perverso e hipócrita, como el santurrón Joaquín Balaguer, que había secundado al demonio Rafael Trujillo en todas sus andanzas, los norteamericanos encontraron el correcto cordón para los zapatos. Un cordón que asfixiaba a las amplias mayorías de la población dominicana, mientras suplía gran cantidad de oxígeno a los ricos, latifundistas y murciélagos religiosos, para que respiraran confortablemente.

Crearon un grupo de poder tan negativo y repugnante para el país, que fue la cuna donde nacieron los mercaderes que hoy lo controlan. Y cuando el desvergonzado, de una manera desvergonzada dijo las desvergonzadas palabras de que ”en su gobierno la corrupción se detenía a la puerta de su despacho,” los dominicanos se miraron las caras con una  sonrisa de picardía, pensando: “Más corrupto eres tú, truhán, que lo permite.”

En aquellos años, además de las arduas obligaciones de estudios, el estudiante de la UASD comprendía que para disfrutar  ese ambiente de familiaridad, tranquilidad y avance en la Universidad, esta casa de todos había que mantenerla abierta a como diera lugar. El costo de la matrícula era gratis, y con todo esto, también proveían comida al estudiante, al mínimo costo de 25c, en el Comedor Universitario. Esa comida en ese tiempo arroz, spaghetti, leche, frutas, y, a veces, carne y habichuelas, era como un sueño.

Yo creo que no estoy hablando disparates si digo que, después de tantos años, y habiendo disfrutado diferentes manjares a través de mi vida, nunca he disfrutado uno que fuera como el que servían en aquél Comedor Universitario. Muchos de nosotros nos “matamos el hambre” allí. Como una extra ayuda, algunas veces se podía conseguir un ticket en la Asociación de Estudiantes, para entrar y comer gratis. ¡Siempre estaremos agradecidos de la UASD por esto!

En la UASD se trataba a los estudiantes con respeto. Nunca nos miraron desde arriba; y aunque las líneas para entrar al Comedor eran inmensas, yo no recuerdo haber visto estudiantes peleando, ofendiéndose o con algún tipo de violencia. Las únicas discusiones que sí eran acaloradas eran las políticas, pero a un nivel profesional y de altura. Aquellas polémicas eran una escuela donde uno podía aprender economía, historia, filosofía, sociología, política, etc. A veces ellas se extendían por el día entero, sin ir al baño o pararse para comer; a menudo continuando al otro día.¡Era el libre choque de las ideas!¡La lucha ideológica, que es fundamental para el avance político!

Cuando había que movilizarse en el campo universitario, nosotros estábamos ahí, defendiendo lo justo; cuando se llevaba la “lucha al seno del pueblo,” nosotros estábamos allí, exigiendo lo que era justo; cuando había que ir de aula en aula haciendo anuncios y hablando con los estudiantes, nosotros estábamos presente; porque no hay un crimen más grande que la indiferencia, cuando todos nos vamos a beneficiar.

Duarte y sus heroicos compañeros tuvieron que pasar por esto constantemente, para lograr la ansiada independencia del país. Y cuando ellos se encontraban con los indiferentes, su pasión por la lucha libertaria no disminuía. Ellos consideraban que ser indiferente, aún siendo una vergüenza, sólo demostraba las disparidades de conciencia y las diferencias del nivel cultural y político de los miembros de la sociedad humana.

Esto es normal. Si la mayoría de los habitantes del planeta fueran culturalmente avanzados y con un elevado nivel de conciencia, nuestro planeta fuera socialista, y fuera inmensamente feliz. Esto es algo imposible por ahora, donde todavía existen reyes y familias aristocráticas parasitarias, con enorme poder y capital económico. Estos personajes quieren que los otros bajen las cabezas cuando los miran, y sienten una sensación de satisfacción cuando orinan en bacinillas de oro. La mayoría de esos países carecen de comida, educación y servicios públicos adecuados para la población.

Pues aquellas “luchas en el seno del pueblo” eran unas verdaderas aventuras. Después de que las guaguas de la Universidad desmontaban a uno en las barriadas, cada quien tenía que valerse por él mismo. Primero, muchos de los estudiantes no conocíamos la capital; Segundo, nadie estaba seguro de cómo iba a regresar a los terrenos universitarios o a sus casas; tercero, no se conocía si las fuerzas represivas del gobierno, los policías, los calieses y los “locos viejos” adulones, que por una sonrisa fingida del patrón “les venden su alma al mismo diablo,” iban a lograr agarrar o capturar a uno y lo iban a llevar a las rejas. En una palabra, nadie sabía cómo iba a terminar el día. Lo único que todos sabíamos era que se estaba haciendo lo correcto, apoyando nuestro centro de estudios, que estaba amenazado por las fuerzas trogloditas del país y los reaccionarios  mundiales.

Mi mamá llamaba a la UASD “la malcriada”, expresión que también se les dice a los niños cuando no quieren obedecer órdenes o instrucciones. Una correcta actitud de la UASD,  por oponerse a seguir los mandatos de la parte negativa del país, los ricos, los latifundistas y los entreguistas. Ahí es donde está la gran obra cumbre que nos inculcó y nos dejó la UASD a los que estudiamos allá. Nos instruyó a oponernos a lo negativo y nocivo para el país, a abrir la mente a nuevas ideas, a buscar la verdad y denunciar a los que se nutren de la ignorancia, el atraso y el analfabetismo de la población, para ellos cometer sus crímenes, sus tráficos, sus engaños con los juegos de azar, y mantener el penoso yugo centenario sobre la población. ¡Ejemplar centro educativo, el que enseña a discernir! ¡Incomparable Obra!

En una de esas aventuras fue que yo vi a Masámbula. Este individuo, en aquel entonces, era un teniente de la policía nacional, muy famoso por lo represivo, violento, la aversión contra los estudiantes, el odio que le tenía a la gente humilde, y lo salvaje de sus procederes. El tipo tenía la apariencia de un enorme gorila, con los brazos largos, y la boca grande. La metralleta que llevaba parecía un palillo de diente en sus enormes manos. Esa metralleta tenía una calavera en la culata.

El elemento era muy famoso en las barriadas de Villa Juana, Villa Francisca y Villas Agrícolas y, según las historias que se contaban acerca de él entre los estudiantes, era un torturador  profesional, que subió de rango asesinando desde los tiempos de la tétrica dictadura de Rafael Trujillo. Era una situación conflictiva, nosotros exigiendo lo que creíamos justo para el país, y la policía cumpliendo con la tarea para la que ellos son creados, para defender los mandatos de  los poderosos burgueses y latifundistas del país, los reaccionarios.

Hoy, después de tanto tiempo, y mirando como los años jóvenes pasaron volando, aunque dejando la sabiduría y la experiencia de toda una vida, uno fácilmente se percata de que éramos  nosotros los que teníamos la razón. Ha pasado mucha agua por el río Ozama, que se ha metido al Atlántico para mezclarse con el agua salada. De igual manera los gobiernos burgueses han  llegado y han pasado, y han venido, y se han ido, dejando un amargo sabor en la boca de los dominicanos.

Esos gobiernos dejaron intacto el mismo cargamento de miseria e injusticia. La situación de la terratenencia, de la corrupción y la explotación industrial. Han mantenido el país aturrullado, con los oficios desapareciendo, y la población aglomerándose en los núcleos urbanos, convirtiéndose en línea de defensa, esperando el momento en que algún día ellos “puedan ver a Linda”.La inmensa multitud de campesinos que tuvo que dejar el campo, huyéndole a los despiadados fuetazos de los terratenientes, que les robaron sus terrenos “por tres monedas,”y los hicieron saborear el hambre y la pobreza.

Muchos de aquellos jóvenes estudiantes que acaloradamente discutían y polemizaban en los predios de la UASD en lo años 70s, explicaban de cómo la burguesía nacional le estaba entregando el país al imperialismo norteamericano. Ellos también denunciaban de cómo nuestro orgullo nacional estaba siendo vendido por mohosas monedas a las compañías multinacionales, las que se estaban apoderando de las riquezas de nuestro país.

En sus interesantes confrontaciones ideológicas, aquellos estudiantes también pronosticaban de cómo las erradas políticas gubernamentales estaban empujando a nuestro país a perder su identidad nacional, siendo  fácil presa de grupos extranjeros de traficantes de drogas, traficantes de armas, traficantes de prostitutas y odiosos grupos de hipócritas religiosos. Mientras pasaban cerca, atraídos por el alboroto de aquellas interesantes discusiones, algunas  personas los escuchaban, los miraban y pensaban:”¡Estos muchachos no saben lo que están hablando!” ¿Y usted hoy, qué pensaría?