domingo, 11 de diciembre de 2016

LA ROSA ISABEL Y LA GITANA (Oda a la egregia maestra Isabel Luna, en el 50th aniversario de su muerte) Dr.Jose Perez

Aguante Rosa Isabel, que al llegar la medianoche mandaron por la gitana,
y ya la detectivaron donde se cruzan los trillos, donde los ríos se juntan,
donde una vez creció una mata de arbolpan. 

Ya mandaron la razón.
Vieron como preparaba el equipaje del viaje; las monedas, por si acaso, se encontraba con Caronte con su tétrica capucha, en la jornada a emprender.

Dicen que viene descalza, pero segura al andar;
y que se oye un ruido extraño cuando, al mover la osamenta, se menean las coyunturas.

Malicias y necedades disipan en el pasado.
Los nubarrones de angustia serán amargas memorias.
Pálida luz de la luna, que se mezcla con el grito nocturnal de la lechuza.

Oscuridad del zanjón confundida como monstruo con tempranas mocedades.
Las punzantes lugubreces, perdidas en las vivencias con la cabeza cubierta,
donde viven los lagartos y se pueden ver las cuevas que hace el barrancolí.

El desamparo total que, como animal salvaje, le permitía flotar sobre círculos inflados,
en horas que parecían tempranas para los años, 
engendrando pavorosas, las infantiles angustias.

Las extrañas sensaciones, donde el agua se juntaba con pequeñas piedrecitas de las caritas talladas, 
donde todo se impregnaba del aroma que venía desde la mata de pomo.

El sonido de la fresca corriente al amanecer, en el riachuelo bajando con aguas de la montaña
donde las aves jugaban libres sin ser molestadas,
y hay que saltar piedra a piedra para poderlo cruzar.
Cuídese que no resbale, porque se puede caer y enfangarse los zapatos.


No sufra Rosa Isabel, es sólo un poquito más. Deje su cuerpo dormir,
donde al final de los días languidecen los tormentos.
Donde las llagas abiertas que le dieron el dolor
se van y desaparecen en los postreros suspiros de los minutos finales,
donde perecen por siempre las punzantes sensaciones
que duelen como quemadas, que le hicieron en el pecho con la cuchara caliente,
tratando de subsistir con la barriga vacía
Y la penosa mirada cuando la flor se marchita,
que la hicieron recorrer a fuerzas de golpes duros
la forzosa carretera de la miserable vida
donde todo se evapora y mueren las esperanzas y los sueños de grandeza,
en angustiosos tormentos de una vida inmerecida,
subiendo la cruenta cuesta con las piedras en la espalda.

Los insolentes pellizcos de los malignos bufones,
que se reúnen de noche como manada de lobos,
bajo la luz de la luna, aullando en su escondrijo,
sin querer voltear la cara para ver la luz del sol
o escuchar buenas razones para mirar el futuro.

Ocho flores fue el producto para la posteridad,
pero Kerito no pudo finalizar la faena,
y sucumbió en el camino, siendo siete suficientes para propagar la sangre
Usted hizo demasiado para cumplir la misión
Los sueños se evaporaron y se fueron con el viento.
Es difícil suceder cuando el género se ocupa
por la adulación del sátrapa, y hacer los tiempos violentos,
para sazonar la vida con pánico y apatía.
Excelso oficio ejerció, cumplió con su cometido,
Y se entregó tanto a ellos, que en eso se le olvidó el dedicarse a usted misma.
Esto no le preocupaba, porque sabía que al final,
cuando vengan con la yarda  a medir los pasos vivos dejados en  el camino,
es lo que hace los gigantes y al final de la jornada provoca las maravillas.

Y su grandeza es más grande por lo tanto que sufrió.
Por el ardor en la carne, con el dolor como figas,
atravesándole el cuerpo, viendo la luz de la luna
filtrando rayos de plata en esas amargas noches, tan largas y miserables
Y mirando la arboleda como vivos fantasmales testigos de sus dolores,
con las nubes que pasaban, sonriéndole al pasar,
y usted imposibilitada de devolver la sonrisa,
porque cuando  respiraba le dolía como un cuchillo
que han sacado al rojo vivo de las piedras de un fogón.
Si se reía le dolía, y con todo ese sufrir mortificando su cuerpo,
usted trató de paliar el dolor de los demás,
dedicándose al cuidado del que la necesitaba,
ayudándole a vivir una vida llevadera.
atencionando con prisa la necesidad del prójimo,
sin pensar por un minuto en quién la cuidaría a usted;
quién le tendería  la mano, o quién limpiaría su mugre\
cuando llegaran los días en que lo necesitara.
Quién le lavaría las llagas con comprensivo entender y magnánima sonrisa
Cuando no pudiera más, con dolor atravesado, y usted sin poder valerse.

Ahora sí se puede ver la figura que camina.
No es rápido el caminar, pero tampoco se para
Ella sabe donde va, ella sabe que la esperan.
El agilizar el paso no alterará el final, ni cambiará el resultado.
Se aproxima la gitana allá en el largo camino
Hay sombras por donde quiera y también ramas caídas
Los pájaros se asustaron al oir el movimiento,
volando rápidamente en distintas direcciones,
al mirar la alta figura que venía por la laguna
ya los pies se le ensuciaron con los granos de la arena 
y la taparon las matas en el bajío del camino.
Imposible detenerla con su andar imperturbable.
Se va a mirar otra vez, nadie la puede parar
y se llevará con ella todos los sueños y planes que llenaron el cerebro,
proyectos que lo habitaron desde muy jóvenes años.

La gitana era la vida que ya encontró la salida,
la puerta donde se escapa a los seis pies de sosiego,
donde no es posible oir las aves como cantaban
alborotando en bullicio la corriente del riachuelo,
ni oir párvulos alegres, y saltando sin cesar,
llenos de vitalidad, hirviéndoles sin control;
ni más hermosas flores que cautiven con sus colores, 
ni que con su aroma le hagan disfrutar el olfato.
No mas satisfacción for los siete planetas que la orbitaron,
ni más sufrimiento por quien la hizo sufrir inmerecidamente.
Todo eso se quedó, o lo dejó.

El establecimiento de los dolores, la incomprensión de los hipócritas,
la ceguera del maldadoso, la cojera del holgazán,
los vicios del que vuela bajo, la indignidad del que  muerde la mano
la traición del verdugo, después de ser alimentado.
los que  muerden los dedos que bondadosos pararon el sangrado
y de donde cogieron el mendrugo que le diera, para saciar su hambre
la confusión de los supersticiosos, sin entrarles razones,
aunque se tratara de enseñarles la verdad mil veces.
No más baños en las acariciantes y cristalinas aguas,
no más admiración for los frutos del suelo,
o por el hombre que diestramente se trepaba en el cocotero.
La mata de guayabas dulces como la miel,
la fila de ahijados, que con admiración
daban satisfacción a los tantos compadres y comadres.
La mata de jaguas, con las frutas cubriendo el terreno,
ni las rolas acurrucadas bañándose en el polvo,
el idílico viento norteño de los días ventosos y soleados.
Las ramas de tayota, enredadas en las ramas del piñón,  
y confundidas con la flor de la auyama.
Sólo lejanas memorias, y nada que fuera dulce ,
porque usted fue tan  dulce con su dulzura
que con gran dulzura se le endulzó la sangre.
Así pasó la vida. La gitana se fue.

El último suspiro del que tiene que irse por necesidad,
La despedida que nunca pudo dar, porque la voz se fue;
porque  ya no había fuerzas para expresarla.
La pena de dejar todo lo que extrañaba.
El dolor de no ver el sol saliendo en las mañanas,
y los niños llegando con la piña, el mango o la guanábana
aún sabiendo que nunca los iba a saborear.
Y los siete planetas que se convierten en siete cometas,
siguiendo sus propias órbitas y alejándose más y más en la distancia.
La pena de dejar todo lo que le dio dolor,
porque no había otro plato en el servicio humano.
Sólo el solecito de los muertos, la fría mirada del sol bajando en el atardecer,
cuando las primeras brumas de la noche comienzan a danzar la danza negra.
Los últimos rayos de sol bajando en el distante horizonte.
De saber que el  presente nunca jamás llegaría a ver el futuro.
Aquellos secretos anhelos escaparon, se fueron.

Tesoro no apreciado en la vida fructífera,  
con tantas cualidades convergentes en ella.
Humanismo, como debía ser en todos los humanos.
Amiga sin par y sincera como hubo pocas.
Empíricos métodos para sanar dolores.
Consejera gratuita que tendió sus manos a quien buscaba ayuda.
Ejemplo prudente y futurista, brillando en el espacio.
Decoro y dignidad, en unión con honestidad y principios
junto al más prestigioso de los quehaceres, enseñar y educar.

Ahí viene la gitana, mire como hace señas
desde lejos para que se la vea.
Mírele las ropas de colores, verde, amarillo y rojo,
con el turbante púrpura que oculta los cabellos.
Mire como aparece en la distancia, todavía en la neblina.
Fíjese del caminar, cadencioso, pero determinado,
segura de que nadie escapa la puerta del final,
donde la sangre para de correr y el corazón deja de latir.
y los pulmones expelen el último poco de gas carbónico que les quedaba.

Bien se nota desde allá, que viene preparada a su macabra acción.
Cuando se le pone a prueba, a ver si entra en razón, rehusa cualquier arreglo.
Cuando usted le da una pierna, para tratar de aplacarla,
ella hace señas que no, que ella no acepta fracciones
Y usted piensa que quizás entregándole la otra,
pero tampoco lo acepta, ella pide el cuerpo entero.
Prefiere que nada quede,quiere la totalidad
Cargar con todo lo que hay, y darlo por terminado.

Se fue el sentir, se fue el tormento. Se fue el conocimiento.
Se terminó por siempre, el poco de calor que le quedaba al cuerpo.
La gitana desapareció, y se llevo con ella,
el último hálito que a usted le quedaba.

Ahora sí llegó, la hora de la negación de la negación.
Con el frío cadavérico que la arropa, y que invade su cuerpo.
La vida que comienza para los que se encargarán de destruirlo,
miles de nuevas vidas que se moverán diligentemente,
realizando su saprófita tarea del exterminio;
destructivos como los dictadores
que pululan la tierra, arrasando con todo.
y al final, sólo el recuerdo de los queridos que usted quiso,
de los amados que usted tan ardorosamente amó.
Vaya, pase Rosa Isabel, mientras nosotros
agradecidos, nunca la olvidaremos
y su cabeza cubierta con laureles,

por que con su vivir, usted honrosamente se ganó el recuerdo.