viernes, 5 de febrero de 2016

Nos cogió desprevenidos

Por el Dr. José Pérez

Algunas veces hay ciertas preguntas que usted no puede contestar momentáneamente, interrogantes que lo persiguen a usted por un largo tiempo. Esas interrogantes y curiosidades regresan continuamente, martillando la mente, como buscando explicaciones lógicas. Para satisfacer esas inquietudes, usted debe estudiar, investigar y analizar incansablemente. 

Hoy día, con el tremendo avance informativo, las facilidades de investigación y los gigantes pasos científicos es más fácil hallar respuestas y llegar a conclusiones satisfactorias.

La Universidad Autónoma de Santo Domingo, fundada en el ano 1538 y la primera Universidad del continente Americano, siempre ha sido un fértil cantero donde han crecido los mejores hombres y mujeres de la República Dominicana; siempre abierta a la polémica y siempre triste y, sufrida, soñando con un futuro justo, y mancomunada con el Quisqueyano en la esperanza de que el día de mañana será mejor.

Allá por los anos 70’s y 80’s había un señor que solía venir (no muy a menudo) al campus universitario. Le llamaban el “Cienciologo”. Cuando el aparecía en los predios universitarios, la noticia se propagaba como reguero de pólvora, y cientos de estudiantes de la mayoría de las facultades tomaban un receso que les servia como un desahogo a sus cotidianas responsabilidades, y hacían un gran circulo al rededor del señor. Yo no creo que alguien alguna vez supo de donde venia el “Cienciologo”, ni donde comía o dormía, o si trabajaba. A esa edad generalmente el estudiante lo que quiere es aprender y divertirse, disfrutar su vida lo mejor que pueda, pues  no hay otra etapa en que usted mas desea escuchar nuevas ideas como cuando usted es un estudiante universitario.

Parecía que el “Cienciologo” había sido un gran profesor en algún lugar y que de alguna manera había “perdido la chaveta”,al menos eso era lo que decían los estudiantes de aquel tiempo con una sonrisa en sus labios. Como quiera que fuera usted gozaba y se reía a carcajadas con las cosas que decía el ”Cienciologo” durante su “cátedra”.

Probablemente muchos de los profesionales que hoy dirigen los destinos del país, si estudiaron en la UASD, en los anos 70’s y 80’s deben haber disfrutado de las tiradas y charadas de aquel pintoresco caballero. 

El “Cienciologo” hablaba de Astronomía, de cosas que el decía que había que cambiarle a la Constitución o a las leyes; hablaba de temas de Biología y de problemas matemáticos que, según el, nadie había podido resolver. También se refería el “Cienciólogo” a las cartas que el había enviado a la Real Academia Española para proponer algunos cambios que había que hacer a nuestro idioma; como por ejemplo, la palabra “científico” el decía que era errónea pues la correcta palabra debía ser “cienciologo”, que significaba el estudio de las ciencias.

Un día, en una de las tantas veces en que participe con esos estudiantes conglomerados alrededor del “Cienciologo” fue cuando el pregunto algo que  intrigo a muchos tanto por lo inesperado de la pregunta como por la agudeza de la misma. El “Cienciologo” dijo:”En el planeta Tierra hay 4 mil millones de personas, entonces yo les pregunto a ustedes: si no hubiera gente en el planeta ustedes creen que hubieran religiones y gentes creyendo en dioses?

Caramba! Muchos estudiantes cesaron de reír para pensar en la seriedad de la pregunta y otros se quedaron boquiabiertos.

Hoy, después de haber pasado tantos anos, mirando los tremendos avances tecnológicos, científicos y sociales y teniendo a nuestra disposición tantas explicaciones lógicas e indiscutibles a las interrogantes, con nuestro planeta ahora con mas de 8 mil millones de humanos, uno se pone a pensar y llega a la conclusión de que quizás la pregunta no era tan descabellada y que el  “Cienciologo” no estaba tan loco como uno creía.