Algunas veces hay ciertas preguntas que usted no puede
contestar momentáneamente, interrogantes que lo persiguen a usted por un largo
tiempo. Esas interrogantes y curiosidades regresan continuamente, martillando
la mente, como buscando explicaciones lógicas. Para satisfacer esas
inquietudes, usted debe estudiar, investigar y analizar incansablemente.
Hoy día, con el tremendo avance informativo, las facilidades de investigación y los gigantes pasos científicos es más fácil hallar respuestas y llegar a conclusiones satisfactorias.
Hoy día, con el tremendo avance informativo, las facilidades de investigación y los gigantes pasos científicos es más fácil hallar respuestas y llegar a conclusiones satisfactorias.
Allá por los anos 70’s y 80’s había un señor que solía
venir (no muy a menudo) al campus universitario. Le llamaban el “Cienciologo”.
Cuando el aparecía en los predios universitarios, la noticia se propagaba como
reguero de pólvora, y cientos de estudiantes de la mayoría de las facultades
tomaban un receso que les servia como un desahogo a sus cotidianas
responsabilidades, y hacían un gran circulo al rededor del señor. Yo no creo
que alguien alguna vez supo de donde venia el “Cienciologo”, ni donde comía o dormía,
o si trabajaba. A esa edad generalmente el estudiante lo que quiere es aprender
y divertirse, disfrutar su vida lo mejor que pueda, pues no hay otra
etapa en que usted mas desea escuchar nuevas ideas como cuando usted es un
estudiante universitario.
Parecía que el “Cienciologo” había sido un gran profesor en algún
lugar y que de alguna manera había “perdido la chaveta”,al menos eso era lo que
decían los estudiantes de aquel tiempo con una sonrisa en sus labios. Como
quiera que fuera usted gozaba y se reía a carcajadas con las cosas que decía el
”Cienciologo” durante su “cátedra”.
Probablemente muchos de los profesionales que hoy dirigen
los destinos del país, si estudiaron en la UASD , en los anos 70’s y 80’s deben haber
disfrutado de las tiradas y charadas de aquel pintoresco caballero.
El “Cienciologo” hablaba de Astronomía, de cosas que el decía que había que cambiarle ala Constitución
o a las leyes; hablaba de temas de Biología y de problemas matemáticos que, según
el, nadie había podido resolver. También se refería el “Cienciólogo” a las
cartas que el había enviado a la Real Academia Española para proponer algunos
cambios que había que hacer a nuestro idioma; como por ejemplo, la palabra “científico”
el decía que era errónea pues la correcta palabra debía ser “cienciologo”, que
significaba el estudio de las ciencias.
El “Cienciologo” hablaba de Astronomía, de cosas que el decía que había que cambiarle a
Un día, en una de las tantas veces en que participe con esos
estudiantes conglomerados alrededor del “Cienciologo” fue cuando el pregunto
algo que intrigo a muchos tanto por lo inesperado de la pregunta
como por la agudeza de la misma. El “Cienciologo” dijo:”En el planeta Tierra
hay 4 mil millones de personas, entonces yo les pregunto a ustedes: si no
hubiera gente en el planeta ustedes creen que hubieran religiones y gentes
creyendo en dioses?
Caramba! Muchos estudiantes cesaron de reír para pensar en
la seriedad de la pregunta y otros se quedaron boquiabiertos.
Hoy, después de haber pasado tantos anos, mirando los
tremendos avances tecnológicos, científicos y sociales y teniendo a nuestra disposición
tantas explicaciones lógicas e indiscutibles a las interrogantes, con nuestro
planeta ahora con mas de 8 mil millones de humanos, uno se pone a pensar y
llega a la conclusión de que quizás la pregunta no era tan descabellada y que
el “Cienciologo” no estaba tan loco como
uno creía.
