lunes, 15 de junio de 2015

Estampas de mi pueblo: Don Primitivo Peña (Primo) y Doña Rosa Paulino


Doña Rosa Paulino
Por Demetrio José Fernández.-  Uno de los hogares más compactados, llenos de amor, buenas costumbres y buen orden, lo conformaron Don Primitivo Peña (Primo) y Doña Rosa Paulino, en Los Harquíez de Luperón Puerto Plata.

Esta pareja vivió en uno de los hombros de dos lometas gemelas que existen en los Harquíes.  En el brazo izquierdo de aquella prospera zona encantadora. Hombro derecho a la altura de la meseta misma de las casas de Don Víctor Tejada Peña y al lado opuesto la casa de Don Victoriano Lahoz Peña (Nano).

Luego hacia el oeste un bajío ondulado, y en la meseta siguiente la casa de Doña Dorotea Brito, si doblamos un mínimo recodo, ahí está aún ese hogar donde aloja a Doña Rosa Paulino, la cual ya se prepara para celebrar sus cien (100) años de feliz existencia. Ahí está esa bella casa, en la misma entrada del camino hacia la trocha que bordea toda la finca de Don Pablo Brito y llega hasta el Cruce de Belloso.
Demetrio José Fernández

Procrearon una hermosa y bien disciplinada familia, ellos son: Antonio, Inés, Laura, Jorgita, Casilda, Héctor, Negro, Jesús, Ramona, Digna, Domingo (Pelón), Felicia (Pricia) e Iris.

De toda mi vida visité ese ejemplar hogar, que aunque era muy humilde en lo económico, al entrar a éste se sentía la más extraordinaria riqueza que encierra  todo el perfume de la pasta humana.


No se porque, pero, en esta casa de toda la vida hay un árbol muy dominicano y siempre en su huerto ha habido muchas matas de éste, es el famoso (Palo Amarillo), árbol maderable y como tal, de corteza amarilla zanahoria y bota una resina amarilla, caldo de auyama, si se le lastima.

Jesús, uno de los hijos de este hogar y Yo, desde niños formamos una amistad de hermanos de verdad, entre otros miembros de esta generosa familia.

Don Primo fue un amigo leal y Doña Rosa una madre resignada y honrada al máximo, ella es oriunda de Marmolejos, Los Hidalgos, del paraje Agua Clara.

En una ocasión, Don Primo salió hacia su propiedad a tumbar racimos de palmas para sus cerdos. Ya eso era costumbre de por vida en él, gatear con lazos en las más encumbradas alturas de las palmas y de las canas abundantes en la zona. Ese día mientras disimuladamente ascendía hasta los racimos de una mediana mata, al parecer, se le rompió uno de los lazos de una pierna, y eso provocó como una rareza que nos lleva a la más ilógica cábala, que él cayera estrepitosamente al suelo, lo que le generó la fractura total del cuello, en otras palabras, (se le partió el pescuezo en dos partes), esa lamentable muerte llenó a todo Luperón de luto.

“Hoy, yo lo recuerdo como una estampa de mi pueblo.”
DJFH 09/06/2015