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| Doña Rosa Paulino |
Por Demetrio José Fernández.- Uno de los hogares más
compactados, llenos de amor, buenas costumbres y buen orden, lo conformaron Don
Primitivo Peña (Primo) y Doña Rosa Paulino, en Los Harquíez de Luperón Puerto
Plata.
Esta pareja vivió en uno de los hombros
de dos lometas gemelas que existen en los Harquíes. En el brazo izquierdo de aquella prospera
zona encantadora. Hombro derecho a la altura de la meseta misma de las casas de
Don Víctor Tejada Peña y al lado opuesto la casa de Don Victoriano Lahoz Peña
(Nano).
Luego hacia el oeste un bajío ondulado,
y en la meseta siguiente la casa de Doña Dorotea Brito, si doblamos un mínimo
recodo, ahí está aún ese hogar donde aloja a Doña Rosa Paulino, la cual ya se
prepara para celebrar sus cien (100) años de feliz existencia. Ahí está esa
bella casa, en la misma entrada del camino hacia la trocha que bordea toda la
finca de Don Pablo Brito y llega hasta el Cruce de Belloso.
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| Demetrio José Fernández |
Procrearon una hermosa
y bien disciplinada familia, ellos son: Antonio, Inés, Laura, Jorgita, Casilda,
Héctor, Negro, Jesús, Ramona, Digna, Domingo (Pelón), Felicia (Pricia) e Iris.
De toda mi vida visité
ese ejemplar hogar, que aunque era muy humilde en lo económico, al entrar a éste
se sentía la más extraordinaria riqueza que encierra todo el perfume de la pasta humana.
No se porque, pero, en
esta casa de toda la vida hay un árbol muy dominicano y siempre en su huerto ha
habido muchas matas de éste, es el famoso (Palo Amarillo), árbol maderable y
como tal, de corteza amarilla zanahoria y bota una resina amarilla, caldo de
auyama, si se le lastima.
Jesús, uno de los
hijos de este hogar y Yo, desde niños formamos una amistad de hermanos de
verdad, entre otros miembros de esta generosa familia.
Don Primo fue un amigo
leal y Doña Rosa una madre resignada y honrada al máximo, ella es oriunda de
Marmolejos, Los Hidalgos, del paraje Agua Clara.
En una ocasión, Don
Primo salió hacia su propiedad a tumbar racimos de palmas para sus cerdos. Ya eso
era costumbre de por vida en él, gatear con lazos en las más encumbradas
alturas de las palmas y de las canas abundantes en la zona. Ese día mientras
disimuladamente ascendía hasta los racimos de una mediana mata, al parecer, se
le rompió uno de los lazos de una pierna, y eso provocó como una rareza que nos
lleva a la más ilógica cábala, que él cayera estrepitosamente al suelo, lo que
le generó la fractura total del cuello, en otras palabras, (se le partió el
pescuezo en dos partes), esa lamentable muerte llenó a todo Luperón de luto.
“Hoy, yo lo recuerdo
como una estampa de mi pueblo.”
DJFH 09/06/2015

