El miércoles pasado con la imposición de la ceniza en todos
los templos católicos se inicia la cuaresma, tiempo de gracia y bendición
para todos los que confiesan que Cristo Jesús es nuestro Señor y
Salvación. La cuaresma tiene su origen, ya que desde la antigüedad,
los judíos solían cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y también,
los ninivitas usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala
conducta desenfrenada a una vida orientada con los mandamientos divinos.
Durante los primeros siglos de la Iglesia , las personas que
querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza
en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito
penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse.
Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas
usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto evoca que lo que fue signo de
gloria pronto se reduce a nada. Aunque también se tiene pleno conocimiento que
esta costumbre fue usada en el período de Cuaresma para preparar a los que iban
a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de
ayuno y oración.
En el mismo renglón, la imposición de la ceniza hace remembranza
que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.
Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el
bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad.
Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que
hayamos hecho para Dios y para nuestros hermanos, nuestra familia y en general
con todos los seres que nos rodean. En ese lapso de tiempo la Iglesia emite unas series
de recomendaciones entre los feligreses. Entre ellas, evitar la hipocresía, la
maldad, la violencia, el egoísmo, el odio, el robo, el crimen y la multitud de
palabras de desagradan la presencia de Dios.
En conclusión, la cuaresma es un tiempo de conversión y
reflexión de nuestra vida en relación con los demás, de entender a dónde vamos,
de analizar cómo es nuestro comportamiento ante Dios y los demás, saber que
tenemos que rasgar el corazón y no las vestiduras y así vivir el verdadero
sentido de estos cuarenta días que nos propone la Iglesia para volvernos a
Dios, y pedirle que nos concedas el perdón y nos haga pasar del pecado a la
gracia, de la muerte a la vida, de la pasión a la Pascua ; y recuerda que
polvo eres y en polvo te convertirás”; o “Arrepiéntete y cree en el
Evangelio”. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura:
Gn, 3, 19 y Mc 1, 15. Señor danos la gracia de convertirnos de corazón a ti.
Amén.
