Por el Lic. Eddy Arias Gómez.- Por su propia dignidad como ser semejante a Dios, cada
persona tiene derecho a preservar su intimidad de la agresión indebida producto de una publicidad injusta.Ni el Estado, ni los padres y mucho menos los educadores tienen atribuciones legítimas para violentar ese recinto íntimo de la conciencia, que solo Dios conoce y aquellos a quienes el interesado libremente le comunica de sus secretos personales.
Este criterio es válido siempre que el derecho a la propia intimidad no entre en conflicto con quienes le rodean, familia, educadores e instituciones de servicios a la colectividad, como son la tutela del bien común. Pero en todo caso divulgar sin justo motivo los secretos confiados es violar la lealtad debida al prójimo.
No puede hacerse uso de los secretos ajenos si no en cuanto lo pide y justifica la justicia y la caridad fraterna.
Se construye una forma social siempre y cuando se respete la
dignidad del prójimo. Esta buena reputación se cuenta entre los bienes
superiores que poseen las personas.
Destruirlas es una violación grave de la justicia. También enturbiarla
o levantar sospechas infundadas que pudieren peligrar la intimidad mediante la
difamación, juicios temerarios, los chismes, comentarios malignos que tiendan a
perturbar la buena amistad entre las personas, sobre todas estas especies de
deslealtad, el juicio de las Sagradas Escrituras es muy duro.
“Maldice al chismoso y al de lengua doble, porque ha sido la
perdición de muchos que vivían en paz” (Ecl. 28,13).
La difamación puede afectar a las personas o a los grupos.
Tanto como el servicio a la verdad, la lealtad contribuye a
mantener la pacífica convivencia de los ciudadanos fundada en la justicia y en
la fraternidad.
Esforcémonos por poner en alto los valores humanos, sociales
y espirituales.
“Quien dijere loco a otro será reo del fuego inminente para
los que obren el mal (Mateo 5,22).
Trabajemos y luchemos para que vivamos en una paz estable.
“Niños y jóvenes a la escuela, que ya es hora de empezar
nuestra labor” Les auguramos éxitos a todo estudiante, padres y maestros.
Hasta el próximo número.