jueves, 1 de mayo de 2014

¡Señor mío y Dios mío!

Por el Lic. Eddy Arias Gómez.- Ante los hechos importantes y de profunda emoción va cayendo vencido el mundo, sea para manifestar miedo, vergüenza o apuro de vergüenza por no aceptar la información que se divulga en cualquier ambiente. 

En el grupo de los discípulos de Jesús un segmento considerable es premiado con la presencia de su maestro resucitado; ante el asombro se alegran y hasta se muestran turbados mientras la ausencia de uno llamado Tomás se confunde en la duda.

En otra ocasión están todos reunidos y Tomás con ellos. El difunto Jesucristo reaparece con las palabras “Paz a Ustedes” luego se dirige a Tomás, ven toca los agujeros de mis venas y mete tus manos en mi costado y no seas incrédulo sino creyente.

¡Señor mío y Dios mío! ¿Tomás por qué me ha visto crees? Dichosos los que sin ver creyeren.

Este relato de San Juan 20:18-29 permite observar el comportamiento del mundo actual, del cual el mismo Jesús alude “Por mi causa muchos se salvarán mas otros se condenarán”

De ese mundo muchos dan crédito a lo que se le informa, mientras otros viven dudando.

Hay personas que caen rendidos ante objetos materiales como es el dinero, los vicios y el concepto de pasarla bien, mientras otros escuchan y guardan en su ser el concepto de hacer la voluntad de su Dios vivo y resucitado, obedeciendo a la solicitud del Señor.

Vayan y hagan a todos mis discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Con entereza y altivez todo bautizado debe hacer fructificar la ética cristiana.

Mayo, mes de las flores. Hasta el próximo número.