Por: Luis Santiago Sánchez Espinal.- En
nuestra cultura popular, cuando se dice que tal hombre es un león afeitado, se
quiere dar a entender que esa persona es muy hábil, muy capaz; es un criminal o
es un tramposo.
Es
decir, esta expresión tiene diversas interpretaciones o giros idiomáticos, pero,
lo que siempre se cree, que con el trato con esa persona; siempre hay que tener
cuidado; hay que mantenerse alerta.
Permítanme
aclarar, que si es el León que se afeita por motus propio, lo hace para ocultar
lo que se señala más arriba, pero si es otro que quita la melena o barba a ese
felino, el llamado rey de la selva queda reducido a un cachorrillo inofensivo
que da pena.
Algunos
de mis queridos y respetados lectores se preguntarán, ¿A qué se debe este
relato insulso? ¿A este columnista se le agotaron los temas?, ¿Qué tiene que
ver esta felina cualidad con los grandes problemas nacionales?
¡Oh!,
querido lector, sáquele la moraleja, descubra la hermenéutica a lo que se dice
más arriba sobre el león.
Cuando
un gobernante o un político se cree un superdotado y que está por encima del
bien y del mal, y de repente la realidad le golpea el rostro, entonces
despierta bajo los efectos de una angustiante pesadilla, al ver que su castillo
era de naipes o de hojalata.
Nuestras
instituciones y nuestra economía son tan débiles, que hasta un evento interno
de una organización política es capaz de torcer el ritmo normal del país, como
sucedió recientemente por el flujo a borbotones de papeletas, que bien podían
emplearse en otras actividades productivas para el país.
Para
terminar, dejo un consejito a los muchos leoncitos que pueblan todos los
estamentos de la nación. Tengan cuidado, que a cualquiera le arrancan la barba
pelo a pelo, y hasta la quijada.
¡Cuidado Magino!
¡Cuidado Magino!
